Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12

4 MAR DEL SUR de Lonisiana, de Florida, de Texas, de Nuevo México y_ de California. Todos ellos llegaron empujados por las armas o atraídos por el Gobierno; pero, sin duda, en busca de la nueva, triunfante y promisora ideología de la libertad política y económica, dentro del marco igualitario de la organización repu– blicana y del sistema representativo. Delante de la ventana de nuestra propia vida, las generaciones pre– sentes todavía en el mundo, hemos asistido a la confirmación por el Fascis– mo y su segunda, adulterada y ruda edición en el Nazismo, de la tesis de la dualidad de las acciones internacionales con carácter mesiánico, creando por una parte Estados y organizaciones políticas sobre su modelo y asegurando, de otro, una influencia determinante en la vida internacional de las nuevas o renovadas entidades (Casos de Austria, Checoeslovaquia, España, Albania). En el imperialismo Comunista el ejemplo es aún más flagrante ( Casos de Po– lonia, Checoeslovaquia; Hungría, Rumanía, Bulgaria, Yugoeslavia hasta su desviación, Alemania Oriental, Mongolia, China, Corea). Restringiendo nuestra observación al limitado escenario de Sudamé– rica, es fácil constatar que análogos fueron la aspiración y el sentido de la obra política del General Bolívar, partiendo de Venezuela hacia Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Resulta, por lo mismo de lo anteriormente discurrido, de condiciones únicas y de interés extraordinario la posición de la acción internacional y de la influencia de la Emancipación argentina y de las campañas libertadoras del General San Martín, en la Independencia americana y, en especial, en las de Chile y el Perú. Esa acción tiene un carácter mesiánico que busca la extensión de aque– lla Independencia. De este carácter no existe duda alguna, porque impreg– na la literatura de la Emancipación argentina y de sus próceres; y no lo des– virtúa la comprensible consideración de la necesidad militar de asegurarla mediante las campañas de Chile y del Perú. Mejor la hubiera asegurado, apa– rentemente, la dominación y el fortalecimiento en el Alto Perú o Bolivia; desde los cuales era mucho más fácil al poder español, impulsado desde Li– ma, descender a la reconquista de las provincias argentinas que desde Chile, de donde habría sido necesario el paso a la inversa de los Andes y luchar por la reconquista, dejando a la espalda una cordillera intrasmontable rápidamen– te y un país donde, desde 1810, prevalecían ideas libertadoras análogas a las que determinaron la actitud del Cabildo de Buenos Aires. No se trataba, pues, solamente para la Revolución Argentina y para San Martín, que fué su custodio y tutor, de asegurar la Independencia de las Provincias Unidas del Río de La Plata, sino la de nuevos Estados, con efec– tiva y no aparente autonomía, dentro del marco institucional que estos mis– mos escogieran y en libertad de no aceptar una influencia que, por otra par– te, no se esforzaba por expresarse. Frente a Chile, San Martín permanece en Mendoza, al otro lado de los Andes. No obstante la anarquía que agitan los Carrera, hace confianza al patriotismo libertador de O'Higgins y solamente traspone los Andes cuando

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