Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12

DELFIN L. GARASA 109 quien supo infundir vida a tantas beidades pretéritas para acariciarlas después con la galanura de sus frases. En otra tradición, Palma rastrea el origen de la frase: "Pico con pico y ala con ala". Algunos maridos refuerzan con esta frase su decisión de poner dique a las intervenciones oficiosas con que son acosados por los parientes de su mujer. El creador de tan oportuna frasecilla parece ser el General San Martín. Acompañaba a San Martín en su expedición libertadora su cuñado el - comandante Escalada, hermano de doña Remedios. El comandante no desperdi– ciaba ocasión de mostrar el valimiento que le otorgaba su parentesco y se me– tía a dar pareceres, sin mediar consulta, a propósito de cualquier asunto. San Martín, en aras de la paz doméstica, sobrellevaba estoicamente esta constan– te intromisión; pero un día rompióse el brete de su paciencia y paró en seco a su cuñado con estos términos: "Alto ahí, señor Escalada. Pico con pico y ala con ala. Yo no me casé con usted, sino con su hermana". No se sabe la reacción del comandante; pero no volvió a opinar sin ser preguntado y la feliz compa– ración quedó incorporada al nutrido refranero limeño. Se discute el lugar donde sucedió el episodio narrado en la tradición "El Padre Pata". Un escritor argentino lo da por acaecido en Mendoza; pero Palma recuerda haber oído en su infancia esta anécdota con Chancay como es– cenario. Vivía allí un cura Matías Zapata, godo por los cuatro costados, que desde el púlpito anatematizaba la causa de la independencia. Uno de los re– sortes de sus prédicas era el nombre de San Martín. Juzgaba el cura una sacrí– lega ironía que tan tremendo hereje se llamara como San Martín de Tours, que fué todo dulzura y caridad. Así ordenaba, so pena de excomunión, que se le quitase el San y quedara Martín a secas. De este modo se vincularía no– minalmente al otro réprobo Martín Lutero con quien tarde o temprano habría de compartir las llamas del infierno. Cuando las fuerzas de San Martín ocuparon Chancay, el cura Zapata fué conducido a presencia del general. El energúmeno de pocos días antes tem– blaba ahora como un azogado temiendo terribles represalias. Pero San Martín pensó que el cura era en el fondo inofensivo y que un rasgo de buen humor era a veces más aleccionador que una sanción severa. Castigó así la mutilación de su apellido con idéntica medida. El Padre Matias Zapata fué condenado a perder la sílaba inicial de su apellido y a llamarse en adelante lisa y llana– mente el Padre Pata. Así firmó hasta 1823 en que Bolívar le devolvió el uso de la sílaba vedada y recuperó su integridad nominal. La personalidad de San Martín no puede desglosarse en una sucesión de actitudes y gestos. Por eso no fué personaje adecuado para narraciones del tipo de las Tradiciones peruanas. Su auténtica grandeza hay que buscarla en estratos más hondos y permanentes que no escaparon a Palma. Así lo proclamó sin ret~cencias y a veces con toda franqueza. Buenos Aires,1950

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