Los Andes

.. ' ...... • AÑO 11-NOMERO 155. U~A, SÁBADO 14 DE ABRIL DE 1894. FUNDADO EN 17 DE SETIEMBRE DE 1892 3S HISlORIA DEL PERU ·' DE CLEllENTS R. MARh.hAM TRADUCIDA DEL INGLgS / POR - JUAN DE D. BENITES. ES PROPIEDAD DEL TRADUCTOR Y NO hs 1-.ERMITE LA REPRODUCCI'óN) ;El Domingo ?e la Epifanía ~s un dia .memorable e!! los anales del Per~. Los Incas se r~unieron en este d1a por última vez vestidos con sus espléndi- dos ropages para celebrar su fiesta nacional. Vinieron de todas direcciones acompa~ados de sus vasallos. Hasta los .hijos de ~1anco Inca que aún adora- ban á U1ra Cocha y al. Sol, e'.1 las ,serra!113:s de Vilca~am ba, 'Se encontraron - presentes, 8:unque de rncógni_to. A Cu~1 T1tu Yupanqm, uno. de ellos. le ren- dían los in<l1genas el homenaJe de legitimo soberano de la tierra. Su hetma- no Tupac Amaru era á la sazón muy muchacho. Todos concurrieron á la ca- p}lla de San Cristoval, reuniéndose despu~s en la planicie de Colca!npata á la sombra de los árbolp,s del molle; allí tarnb1en se encontraba la ommosa: per- sona del Virey acompaí'íado de un numeroso tren rle altos dignatarios de la Iglesia y del Estado. Existe u:1 retrato de D. F'ranclsco de Toledo por el cual podríamos bien describirlo: altu, de hombros redondos, vestido de terciopelo negro, e_n la capa osten~a la cruz bordada de :ojo de la órden ~e Santiago; la cara pálida y sombría, tiene la frente alta y OJOS negros, de mirada penetran- te, lleva sombrero alto de copa; una mano sobre el puñ1.,, de la espada y en la otra sostiene un gran bastón. La alegre muchedumbre de los hijos del Sol se movía en torno suyo felicitán_dose de tan agusta presencia; pero él, cual ave de rapiña, saludaba desdeñosamente, obsuvando todos sus movimientos · y·meditand11 in~eriori:nente su de~tru<'ción. La fiesta duró por vari~s días y u11a vez concluida, T1tu Yupanqm y Tupac Amaru se regresaron á Vdcabam- ba con el mismo sigilo y difraz que se habían presentado. A. pesar del incóg· nito, su vigilante enemigo supo de su presencia, y resolvió enviar u ria comi- sión para atraerlos con falsos halagos y tenerlos en su poder. Vilcabamba es una región montañosa, situada entre los ríos Apurimac y Vilcamayo, con quebradas que descienden hácia los bosquP,S de la montaña en donde los rios son navegables. Es de dificil acceso. y fué por esto que el Inca Manco lo escojió como el último baluarte y refugio de los de su raza. La comisión que envió el Virey Toledo se componía de dos monjes agustinos lla- mados Juan de Vivero y D~ego Ortiz, D. Atelana de Anaya y D. ' Diego Rodrí- guez de Figueroa y tenían por intél'prete á un mestizo llamado Pando. Lleva- ron regalos para el Inca y fueron bien recibidos por éste. Se le dijo á Cusí Ti- tu que se le esperaba en el Cuzco para que jurase alianza al rey en la perso- na del virey. Consintió en ello, pero fué demorando su partiúa de día en día, pasta que los comisionados regresaron dejando el clérigo Ortiz y al intérpre- Pando con el lnca .. Poco despues enfermó éste y estuvo en peligro de muerte. Los jefes dijeron á Ortiz qu~ como sacér<lote de D_~os. debia cura: al Inca, pues se había hecho ya cr1st1ano con el nombre de Felipe. Empeoro el Inca y al fin murió, por lo que se irritaron sus jefes y uno lle ellos, Quispi, dijo á Ortiz que cómo era. que siendo su Dios tarJ poderoso no había podido salvar al Inca de la muerte. Y n0 quedando satisfecho con su respuesta lo condenó al Ú.ltimo suplicio junto con ~l mes~izo Pando. Los jefes se retiraron con su_s tropas á }a fo1·taleza de ~itCOS, SI~Uada en Un se~rO elevado del que S~ doi:n1- na completamente la región de V1lcabamba. El Jóven Tupac Amaru, a quien reconocieron por Inca Y. señor, se encontraba entre ellos y aceptó_ la. insignia real conforme á las antiguas costumbres. Entónces los ¡efes principales se prepararon para la defensa y acampa~on á las o,r,illas del ri? ~huqu_ichaca, cuyo puente es la llave y entrada á Vilcabamba. lodo suced1a a medida del deseo del virey; tenia ct.hora un excelente pretesto para emprender la guerra. Organizó considerables fuerzas bajo las órdenes del General D. Martín Hur- tado de Arbieto, que llevaba como capitán General á Gerónimo Figueroa so- brino del virey, y á Martín García de Loyola cuñado del Inca. Al llegar al puente Chuquichaca encontr<:ron que Tupac Amé}t'U se hallaoa cuu sus fuer· zas en la orilla opuesta del no; asi es que rompiú contra ellos los fuegos dtt su artillería y arcabucer.os . El Inca se retiró y los españoles emprendieron la persecución; pero siendo los caminos demasiado ai.gostos no pudiei·0n pa- sar por ellos sino de dos en dos, tr.niendo á un lado 1 los densos é impenetra- bles bosques de la montaña y al otro, quebradas profundas. Loyola tuvo que lu :~har mano á mano con uno de los oficiales 'del Inca que habiéndose ocul- tado en un matorral, lo asaltó en momentos en '~ue éste pasaua; al llegar á;- la colonia de Oncay los ·españoles reciuieron noticia de que el Inca había des- <'endido el río en una canoa; apuraron la persecución, y el 4 de Octubre de 1571 lo tomaron prisionero junt0 con varios de sus principales jefes. Arbieto regresó triunfante al Cuzco llevando consígo al Inca Tupac Amaru, que vestía ele terciopelo encarnado, llevando la mascapaycha 6 borla imperial en la cabeza. Lo trasladaron directamente á la casa de Juan de Pan· corvo en la que. estaba alojado el vi rey Toledo y éste ordenó S8 Je diese por prisión el palac10 de Colcampata. Ya se había hecho que el Inca Cárlos desa- lojara este lugar por haber ocultado á sus primos el día del bautismo, y ale- gando que por dominarse de allí la ciudad se necesitaba para alojar á las tro- pas realistas. Despues de varios días durante los cuales se tomaron las de- claratorias respecto á la muorte de Diego <le Ortiz y del intérprete Pando, Tupac Amaru fué sentenciado á ser decapitado. El pobre muchacho ·era com- pletamente ignoran~e de las circunst~J?cias da la muerte de Ortiz, no se había halla"o ¡:_¡·esente, nrnguna responsabilulacl tenía en ello y era completamenle inocente. A otros prisioneros se les condenó á sufrir la pena de garrote. En- tre estos se encontraban los ilustres patriotas Huanca y Ccurupaucar. Se le instruyó en los principios ele la religión ct·istiana, segun la enten- dían los monjes españoles. Para ello se valieron de dos sace1·dotes que ha- blaban bien el quechua, y lo bautizaron con el nombre de Diego. Se levantó un patíbulo en la plaza del Cuzco frente á la CaL:idral, antes templo de Uira- cocha, y al muchacho se le condujo al suplicio, tanquam ovis. Marcha- ba al patíbulo en una mula de ruin porte cubierta de trapos negros, vestía traJe blanco ele algodón y llevaba un crucifijo en la mano. A un lado marcha- ba el buen ~acerdote Malina, que hablaba bien el quechua, y autor de una de las más valiosas obras que tetiemos sobre la civilización incaica. Al otro lado iba el jesuiti: Alonso de Bárcena, natural de Baeza, que había llegado al Perú el año antenor y que había decticado toda su vida sacerdotal á la com•ersion de los infieles. Estos dos personajes consolaban al Inca y trataban de infun- dirle ,resignación diciéndole que se sometiera á la voluntad Divina. Su verdu- go fué un indió Cañarí. Cuando éste levantó el cuchillo para ultimár á su vic- ' / ( ' j tima se levantó un clamor general que por un momento in'tranquilizó á los castellanos; pero el Inca alzan.do la mano impuso silencio á los concurrentes. Les dijo que su misión era ya terminada, que duraate su vida habia cometido muchas faltl'ls y que era la voluntad Suprema que pereciese de ese modo por haber desobedecido á ·s_u? padres en .v:arias ocasiones, mot~vo por el cual,. es- tos le echaron su maldición; que esperaba que aprovechasen de esta lección, y que los que tenían hiJOS _les corrij1esen sus fal~a.s y no les lanzasen maldi- ciones. Aquí lo inter_rump1eron los sacerdotes diciendo que moría por la vo- luntad de Diqs y no por haberlo maldecido sus padres. Estuvieron tan elo- cuentes que lo convencieron con sus pláticas y, arrepentido, pidió perdón por todo lo que había dicho. Fué aquello una escena de lo más conmovedora, y aún los mismos empedernidos sacerdotes derramaron lágrimas de conmise- ración. El sacrificio de la inocente víctima sublevó el ánimo de todos los pre- sentes, y se dejó sentir con gritos de protesta. Se mandó suspender la ejecu- ción mientras que el Obispo electo ele Popayán, el Prior del convento, el Pro- vmcial de los jesuitas y casi todas las órdenes el gi •Sas r fueran á intercedei· por la vida del ~nea:. Pedían qu~ se le uandase á ~;:;p~ña a ser juzgad? por el Rey. Todo fué rnut11. El cruel v1rey no se conmovió ni con súplicas, m con lá- grimas; '1.ntes bim s·e manifestó indign:t<lo de ¡ue no se hubiese ya llevado á cabo la ejecución. La mulLitud que ló en :Suspenso hasta que apareció monta.. do á cal.lallo el alguacil del Cuzco, Juan Su to, con un gran palo en la marfo. Luego que estuvo bastante c~rca del tabladil~o l:iizo saber !a órden d~ S. E. de que el Inca ~lebia ser JecapitadP en cumplu1:1~e11to de. la ~entencia. Tupac Amaru· ma111festó gran compostura; se somet10 tranquilo a la cuchilla ,,del verdugo. Otra vez se le,·antaron clamores, mientras tanto las campanas to- caban á muerto sin cesar. El cadaver fué trasportado á la casa: de Doña Ma- ria Cusí Huareay, madre del Inca, en medio del más profundo dolor, tanto de parte de los indio~ con;io ele los cast.ellanos .. A.l día siguiento fue enterrado solemnemente en el 111ter10r de la Catedral. Aqu1 se celebraron los funerales con toda solemnidad, continuando las misas por espacio de nueve días. Todo esto era contrario á las miras y deseos del Virey, hizo desenterrar la cabeza y la colocó en l~ punta de un palo _al lado .del patíbulo. Durante el silencio de la noche acudieron al lugar multitud de rndios á adorar la cabeza de su adorado soberano. Era una hermosa noche de luna y, habiéndose aso- mado uno de los españoles por una de las ventanas, vió que la plaza estaba completamente llena de indios arrodillados y contemplando con devoción la cabeza del Inca. Esta cir<'unstancia le fué comunicada á Toledo, que in- mediatamente la hizo baja¡· y enterl'ar con toda pompa al lado del cádaver. La opinión pública se mamfestaba en uontra del virey; consideraban su con- ducta y modo de proceder ce>mo inhumanos, pero na~a parece l~ movía. A es- ta ejecución siguieron otras much:i-s, y llegó su política de extt~·pación á tal extremo que comenzó una campana de persecución contra _los htJOS de los es- pañoles naciqos de madr~s perna.nas. Así ~s q~; los condicípulos de Garci- lasso de la Vega que hab1an pasado una feliz nmez en el Cu¡.~co, fueron dester· radas á los fétidos _pantanos del Da.ríen ó á lo.:; despoblado~ de Uh~le. Todos aquellos objetos por los 2ue el pueblo tenía alguna veneración ? traJese á s~ memoria recuerdos del pasado, uoJaUJ completamente destrmdo.s ó remoY1- dos de su sitio. Los restos momificados de tres ele su::; principales Incas los 11izo.J.le ..var á Lima. Estas medidas violentas y crueles alcanzaron el fin deseado; el último resto de esperanza desapareció para ellos-, y por más de dos siglos tuvieron que- so,neterse á su suerte fatal. - · Toledo formó un Código de leyes, basado su mayo~ parte,_ en las leyes de los Incas y que más tarde fueron la base _de su admimstrac1ón. E::; tas le- leyes {ueron promulgadas por oartes. La primera se promulgó el 18 de Oc- tubre de 1572 en el pueblo de Óhecacupe cerca del Cuzco. A éste Código se le dió el nombre de «Libro de Tasas.>> , El país se dividió en cincuenta distritos llamados corregimieidos cada uno de los cuales tenia un gobernador. ó corre:g~dor; en _cada puefJlo había un eabíldo que lo formaban un alealde ó Juez y vaf'!os regidores ó mao-istrados. Las Tasas ó leyes deJ virey no solo comprendían las obligacion~s de los magistrados, -sino que reglamentaban el trabajo de los distintos comerciantes y clisponian la manera corno debían establecerse los mercados. Se trató de or- ganizar eLserviciu para el sostenimiento de los c-aminos y ei servicio de pos- tas como ~n la ép?ca. de l~s Incas; p~ro fueron estos vanos esfuerzos, cuya organíza<'1ún se hizo imposible. Tambien se decretó que todos los-riaturales i los que la legislación esp_añola reconocí~ con el nombr~ ~e indios, fueran go- bernados por sus respect1 vos euracas ó Jefes. Estos recibieron el nombre de caeiques, palabra tomada del idioma de los naturales de 'las Antillas ó tal vez corrupci~n de la antigua palal?r~ Sheikh. Segui~n en autoridad los jefes lla- mados pzcha-pachacas, con quinientos hombres a sus órdenes, y los pachacas con cien. Era este ta mbien un plagio del sistema de los Incas; Jos puestos eran hereditarios y goz?-ban de muchos privilegios. Los caciques eran, por Jo general, indios acauJalaclos y algunos de ellos miembros de la familia de los Incas: se les exeptuaba de todo tributo y servic10 personal, así es que ocu- paban puestos que los distinguran entre sus conciudadanos. Usaban el ves- tido de la antigua nobleza, que _consistía en una túni<'a á la que llamaban une u, y un rico manto de paño 6 terc_10pelo negro en señal de luto por sus antepas a- dos llamado yacolla. Los de la familia real llevaban una especie de corona en la cabeza, de la que caía una franja roja ele lana de alpaca. Esta era el em- blema de la nobleza y se la llamaba la rnascapaycha. Era obligación de los ca- ciques y de sus subordinados el de cobrar los tributos impuestos por Toledo . que estaban obligados á pagar todos los indios entre la edad de diez y ocho " cincuenta años. Además de este impuesto había el de la mita, por el quo se• les obligaba á trabajar en las haciendas, minas y en las fábricas. Fué este el instrumento de que se valieron par~ ejercer contra los pobres indios prisi o- nes y crueldades sin cuento. Los caciques enviaban las víctimas de e s t<1 ley ú mitayos, á las poblaciones más in mediatas en donde se rer1ueria su t 1·n. - baJO. Esta sétima parte era escojida de entre los que se dedicaban á la mi!w ría, de manera que la tal mita condenaba á g ran nL..rnero de indios á la má ~ cruel esclavitud. Exist_ían leye~ q_ue reg~amen~aban la manera de hacer los pa gos de sueldos y salanos. Se li m1tó la dtstanc1a hasta la que se ]es podía en- viar, pero poco ó ningún cuidado dieron los españoles á su cumplimiento. Además ele las poblaciones agrícola y pas toril, había una clase de in- dios, que aun desde Ja época de los Incas, estaba obligada al servicio for- zoso. Eran estos los yanaconas. Este servicio fué establecido durante el reina- do de Tupac Yupanquí. Se dice que habiéndose concechdo perdón á un grai1 número Je cautivos, se les puso en libeeta<l bajo condición de qué se dedica - sen al servicio del Ruara y del Inca. Esta amnistia fué conferida á los habi- tante~ de un pueblo llamado Yana-yacu, cuyo nombre en plural es Yan,a-yacu· cuna nombre r¡ue más tarde se convirtiú en Yanaeona. Los españolés los dedi · caron á igual clase de servicio, y durante el vireynato de Toledo, su número as- cendía á 40,000, todos al servicio de españoles, quienes los alimentaban y pa- gaban por e~los las contribuciones que les c<;>rrespondía. Se sirvieron tam~

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