Letras : Páginas bi-mensuales
l,E1'RAS. antipatía haciéndola blanco de sus juegos nutridos, levantó en las 1'R1°:11 AMERICAS de Nueva York la bandera del ideal! En las colecciones de esa revista, ha dejado la huella de su labor de critico impresionista-más apologético que justiciero-y allí dió á co– nocer los nombres de Carlos .Y Federico Uhrbaeh, Enrique Gómez Carri– llo, Clemente Palma, Francisco Garcla. Cisneros, José S. Chocano, Artu– ro Amhrogi, Ahraham Lóper. Penha, Da.do Henera .Y Andrés A. Mata, algunos de los cuales llaman ya la atención en los centros intelectuales del viejo mundo. De cerca o de lejos, segnía el movimiento de las ideas en Amé rica, alentando siempre con su palabra bondadosa. y ama.ble todo csfucr– :r.o síncero, toda tentativa viril, toda esperanza. Es de sentirse, sin embargo, que á veces, en la apreciación de las obras literarias, ha.ya extremado el elogio; pero, lo sería más, si hu i>iera cometido, á sabiendas, injusticias ó si hubiera hecho el mal por el placer de hacerlo, como suelen usar las almas pequeñas y rastreras. De una de sus últimas cartas, que tengo á la vista, voy á repro– ducir algunos párrafos que pintan su carácter y me honran. Declame: «Es Ud. de los talentos sin envidia, que son los talentos en que _vo creo, así como no tengo por ricos sino a los que emplean liberalmente su riqueza, pues el egoísta y el envidioso lo son por que se sienten vacíos y estériles. Es Ud. de los que alientan; es Ud. de los nobles del arte. ~ Yo quisiera poder decir muchas de las cosas que Ud. dice, y expresarlas en ese su estilo hermoso y vivo que las hace aún más persua– !livas y bellas. Me regocija ver que es Ud. ecléctico, que es ser liberal, y yo lo soy en letras como C'n todo. Aunque me formé en épocas ya lejanas de la literatura, mi natural independiente me salvó <le quedarme encla– vado en ninguna de aquellas escuelas, de mo<lo que la evolución literaria moderna me ha encontrado propício á sus tendencias y simpatico á sni> entusiasmos. «Lamentable es que vivamos los pueblos de América tan poco federa.dos en punto á literatura como vivimos tan poco intimados en po– lítica contíncnk'tl. Los escritores rle uno y otro extremo del nuevo mun– do hispano. apenas nos conocernos. Siquiera San Martín y Bolívar se apretaron las manos un día.Nuc!'tras letras aun no se las han estrechndo. Un congreso litcrnrio latino-americano es ya una necesidad improrroga– hle: y entre tant o llegue ese día glorioso, bueno es que los que de lcjm, nos amamos, adivinándonos, nos acerquemos más y más, por el cambio de nuestras respectiva~ labores.» Las líneas transcriptas,denotan la inagotable bondad de su espí– ritu: su r-.lsgo característico;incapaz de herir,prefería saltar sobre los defec– tos, abrillantando las cualidades. Y no era falta de superior criterio fo que lo llevaba á, disimular los gazapos ó los vicios que pudiera notar en ~a produccion ajena, si~o el deseo de _alentar para que se produjera me– JOr, ya que p,1r dC'sgracrn, esa es la úmca recompensa. que espera el escri– tor en estns , '1blicas plebeyas, donde cualquier patán con dinero es so– cial ment~ es .i 1aclo más que todos los tnlentos juntos. Lo 1Í()O que reunió en libro son sus Cartas Gredalences (dos vo– lúmenes) y t· 1 mprcsioncs de viaje por Italia, España y Francin, apare- -4- ..
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