Las tumbas de Macchu Picchu

Capítulo 7 LOS MEJORES PLANES Cuando Hiram Bingham regresó de Sudamérica en la primavera de 1909, elaboró un plan de quince años y lo tituló «Los mejores planes de ratones y hombres», omitiendo el siguiente verso del poeta escocés Robert Burns: «con frecuencia fracasan». Había extrañado a su familia y pasaría los siguientes tres años con ellos, trabajando, enseñando y escribiendo. Empezó su lista de pendientes inmediatos con una tarea que terminaría acelerando el cronograma: un artículo sobre Choqquequirau, la Cuna de Oro, que había visitado en su camino a Lima119. Bingham seguía fascinado con aquella ruina. Según los lugareños, él y Hay habían sido los primeros extranjeros en viajar a esa última ciudad de los incas, el lugar de descanso final de las vírgenes del sol, las mujeres que atendían al emperador y dirigían el culto solar de los incas. La ilusión de encontrar tesoros no se concretó —lo cual reforzó su convencimiento de que historias como El Dorado no eran más que mitos indígenas— pero estaba dispuesto a ver la experiencia como un hito más en su carrera como explorador: ser el primer extranjero en visitar la última ciudad de los incas. Desafortunadamente, cuando se sumergió en la biblioteca de Yale, las demás afirmaciones de los lugareños también se vinieron abajo. Para empezar, Bingham ya sospechaba de una placa que había visto en las ruinas, sobre la cual estaban escritas varias firmas y fechas. Los libros de los geógrafos peruanos rápidamente confirmaron que varios peruanos y un puñado de extranjeros, incluyendo dos exploradores franceses, ya habían visitado las ruinas desde que fueran descritas por vez primera en el siglo XVIII. Además de no ser uno de los primeros extranjeros en explorarla, Bingham descubrió que las fuentes históricas no respaldaban su creencia de que Choqquequirau era la última ciudad de los incas. La tradición de que la Cuna de Oro era el «salvaje asilo» de «los últimos sobrevivientes de 95

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