Las tumbas de Macchu Picchu

hombres blancos y rubios50. La teoría nacía de pura especulación y del deseo de introducir noreuropeos en América antes que los españoles, así como del rechazo a creer que los indígenas podrían haber construido grandes civilizaciones propias. Aunque los historiadores y arqueólogos deslegitimaron estas teorías, estas ideas estaban presentes en la sociedad en general. Se veían reforzadas por el popular género de la «raza perdida» presente en las novelas de fines del siglo XIX y comienzos del XX, en las cuales blancos e indios luchaban por ciudades perdidas del Nuevo Mundo, llenas de oro, plata y secretos 51 . The Young Silver Hunters or The Lost City of the Andes («Los jóvenes cazadores de plata o la ciudad perdida de los Andes») contaba una historia de este tipo. En su cubierta aparecían cuatro estadounidenses con armas de fuego cayendo a un hoyo ante una horda de emplumados «adoradores del sol». Quizá Hi se distraía de sus estudios para leer estas novelas populares, o quizá no. No obstante, eran parte de su mundo tanto como la torre de Norumbega. Había ido ahí para alejarse de todo, quizá para entender a dónde se dirigía y por qué. La misión de su familia había sido reemplazar las religiones nativas del mundo con la cristiandad; la torre de Norumbega iba más allá, al reemplazar la historia nativa con una de origen nórdico. Era precisamente el tipo de idea que Hiram algún día tendría que combatir en su carrera como explorador, una clase distinta de misionero. Por el momento, sin embargo, seguía atrapado en el pasado familiar. «Quisiera que aquellos habitantes de los profundos valles y sus mentes estrechas ascendieran y ampliaran su mundo», escribió. «Cuán diferente sería su concepto de Dios» 52 . Hi bajó de la torre, cruzó el país por ferrocarril, y tomó un vapor a Honolulu, donde regresó a vivir con sus padres. 43

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