Las tumbas de Macchu Picchu

significaba para una identidad indígena peruana extendida. La antropóloga ambiental Keely Beth Maxwell fue muy amable al enviarme su tesis «Lost Cities and Exotic Cows: Constructing the Space of Nature and Culture in the Machu Picchu Historic Sanctuary. Peru» cuando yo empezaba mi año en el Perú. Tal como con Salvatore, aprecio la seriedad con la que traza una política de preservación cultural y protección de monumentos. Espero que al estudiar los diarios de los miembros de la expedición, mi trabajo haya ido más allá, lo cual posibilitaría hacer un pronunciamiento más definido respecto de la legalidad de las excavaciones y exportaciones de la expedición. Luego de la publicación de la versión original en inglés de este libro, apareció El último secreto de Machu Picchu, de Sergio Vilela y José Carlos de la Puente Luna, que contribuye al tema con una extraordinaria descripción de los litigios y peleas que se produjeron luego de la visita de Bingham. Por último, he tomado en serio el llamado al diálogo hecho por Mariana Mould de Pease en Machu Picchu y el código de ética de la Sociedad de Arqueología Americana: una invitación al diálogo intercultural, que esbozó el contorno del proceso legal y político por el que Hiram Bingham supuestamente habría exportado «arbitrariamente» los objetos de Machu Picchu desde el Perú. El libro también documenta los esfuerzos de Mould de Pease por atraer la atención de los peruanos sobre esta situación. No profundiza, sin embargo, en la biografía de Bingham o las negociaciones y enfrentamientos de la expedición con el gobierno peruano o intelectuales locales. Estos elementos, creo yo, hacen que la historia de Hiram Bingham y Machu Picchu sea mucho más trágica y la exportación de los objetos de las ruinas mucho menos arbitraria: empezó con cooperación, genuina buena voluntad y confianza antes de desmoronarse en recriminaciones mutuas y una sensación de traición. Espero que el trabajo en los archivos del Perú y Estados Unidos plasmado en este libro —donde cuento la historia de las expediciones por medio de la narrativa, con todas las contradicciones que ello implica— sirva para enriquecer los esfuerzos de los autores antedichos. En gran medida, sin embargo, este libro es la suma de investigaciones primarias en archivos y publicaciones en Estados Unidos y Perú, algunas de las cuales rindieron frutos, otras no tanto. Todas las fuentes que consulté están listadas debajo. Aquellas que influyeron mi argumento con más fuerza están precedidas con las abreviaturas que usé en mis notas. También he abreviado los números de caja y fólder; por ejemplo, Yale 345

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