Capítulo 20 AEROTRANSPORTADO Era el 2 de octubre de 1915, tercer día de clases, y el campus universitario de Yale bullía con el ruido de los estudiantes que caminaban alardeando sobre lo que habían hecho durante el verano. En el salón 2 de Lampson Hall, en cambio, reinaba un incómodo silencio. Hiram Bingham reordenaba sus apuntes de clase mientras observaba un aula a medio llenar. Se había resignado al hecho de que no se inscribirían más estudiantes en el curso de historia sudamericana que había preparado apresuradamente aquel otoño. Era el primer año de Bingham como profesor nombrado, pero después de ver arruinada su carrera como explorador en el Perú, este logro le resultaba anticlimático. Creía no haber hecho nada malo, pero cuando llegaron noticias de que su regreso a New Haven se adelantaría varios meses, sus críticos en Yale no se solidarizaron mucho con él. Un miembro de la junta del Museo Peabody le dijo a Bingham que simpatizaba con los peruanos, «considerando los antecedentes y las complicadas condiciones financieras por las que pasa el país» 463 . En un intento por limpiar su nombre, un humillado Bingham envió ejemplares del West Coast Leader, un periódico peruano administrado por ingleses que habían defendido a Yale, a los periódicos de New Haven. Tal como salió reimpreso en el Yale Daily News, el Leader ridiculizaba la «infame mentira» de que Bingham estaba «transportando plata y pesos de ocho fuera del país en buques cargados como si fueran galeones españoles». Valcárcel era un «jovenzuelo insignificante» que había acusado falsamente a un renombrado explorador, seguía el Leader. «Al advertirle a la gente del peligro de la magia del hombre blanco, las autoridades del Cusco habían logrado colocarse al mismo nivel intelectual que los chamanes y médicos brujos del Congo» 464 . 283
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx