Capítulo 19 EL JUICIO DE HIRAM BINGHAM Mientras la expedición de Yale celebraba en Vitcos, el futuro de Bingham en el campo de la exploración peruana empezó a desmoronarse. En 1912 había sido acusado de querer «monopolizar» la historia peruana, lo cual dio inicio a un nuevo debate entre peruanos respecto de la dirección que debía tomar la arqueología del país. En 1914, burlando la ley peruana, Bingham le había pagado a un anticuario para que le mandara objetos arqueológicos de contrabando; al mismo tiempo, su vanguardia sacaba objetos peruanos escondidos en su equipaje. Este año, Bingham había establecido su instituto semipermanente en Ollantaytambo para empezar de nuevo. Pese a ello, durante sus exploraciones, todas sus transgresiones, reales o imaginadas, y todas las dudas peruanas, legítimas o no, regresaron para atormentarlo. Llegaron al Cusco rumores de que Yale estaba impidiendo el acceso de peruanos a su instituto en Ollantaytambo y de que abusaban de los trabajadores indígenas. Residentes del Cusco enviaron telegramas consternados al presidente y al gobierno en Lima. Insinuaban que Yale estaba excavando, que había encontrado ídolos de oro y plata, y que cientos de mulas los habían sacado de contrabando del valle, y de ahí a Estados Unidos. Una reunión pública en torno al tema se vio abrumada de «acusaciones afiebradas»433. El Ministro de Justicia y Educación le ordenó al prefecto del Cusco que paralizara el trabajo de Bingham, pero este estaba en el campo y no pudo ser contactado. El principal periódico del país, El Comercio, dio la estocada final: «Se corre el peligro de que las antigüedades peruanas que aún encierra nuestro suelo vayan desapareciendo poco a poco, para ir a enriquecer las colecciones de los museos europeos y norteamericanos, hasta que el Perú se convierta en el 270
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