Las tumbas de Macchu Picchu

productos europeos que la familia o seguidores de Manco habían usado en el exilio, traídos por el ocasional invitado español u obtenidos por intercambio. ¿Acaso habría fumado de esta pipa el español que acuchilló a Manco por la espalda? ¿Habría el escribano de Titu Cusi usado esta cera para sellar sus misivas al virrey? Bingham experimentó una sensación de victoria. El 9 de junio sorprendió a su asistente Hardy con una cena de cumpleaños en las ruinas de Vitcos. A unos cuantos metros de donde Manco fue apuñalado por los españoles y Titu Cusi cayó enfermo y murió, Bingham y sus hombres festejaron y bebieron jugo de ciruela mezclado con licor de caña. Sentados en las ruinas brindaron por la historia, por sí mismos y por la gran aventura compartida en el Perú. Erdis registró el momento: al caer la noche, Bingham y Hardy, ligeramente ebrios, se levantaron de la mesa. «[E]scoltados por nuestro fiel Benigno, quien con el auxilio de una linterna que iluminaba poco más que una vela, se aseguró de que sus pies no se alejaran del angosto y sinuoso camino, regresaron a su campamento a soñar de quién sabe qué» 432 . Seis días después, el sueño más amplio de Bingham —exploración, incas y arqueología— terminó para siempre. 268

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