Las tumbas de Macchu Picchu

Capítulo 15 EL TESORO La gran ironía del lío que durante mes y medio enfrentó a Bingham con el gobierno peruano fue que giraba en torno a una colección de objetos y especímenes que ninguno había visto. Mientras Bingham navegaba desde Lima hacia el sur, Perú nombró como observador del trabajo de Yale en Machu Picchu a un cusqueño profesor de historia llamado José Gabriel Cosío. Cosío era un entusiasta y bienintencionado miembro de la generación de intelectuales cusqueños ligeramente anterior a la de Luis Valcárcel. Tenía una cara amplia que mantenía bien afeitada y tras sus anteojos lucía unos ojos grandes y atentos. Contando con la confianza implícita del Cusco y otros lugares, Cosío había sido una de las primeras personas contratadas por Albert Giesecke para la nueva Universidad del Cusco y un miembro fundador de la Sociedad Geográfica de Cusco. En diciembre de 1911, cuando la visita de Hiram Bingham a Machu Picchu se hizo conocida en el Cusco, Cosío había reunido un grupo expedicionario peruano para investigar. Cosío reconoció la contribución de Bingham en cuanto a la difusión del sitio, y cuando la Universidad del Cusco nombró a Bingham como profesor honorario, fue Cosío quien leyó los artículos de incorporación. No obstante, también fue Cosío quien señaló que, dado que Agustín Lizárraga y otros habían sabido de la existencia de Machu Picchu durante años, el título que le correspondía a Bingham era el de descubridor «científico». Cosío fue la única persona que informó de la muerte del niño porteador de la expedición de Yale cuando intentó cruzar el río embravecido315. Cosío llegó a Machu Picchu el 5 de octubre y se mostró satisfecho con el meticuloso trabajo de despejado llevado a cabo por Yale 316 . Hasta donde podía ver, habían extraído muy pocos «tesoros», apenas tiestos y huesos 217

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