Las tumbas de Macchu Picchu

estudien lo que tienen en su propio país. No mojen, ya no nos chupamos el dedo. ¿Lo entiende bien, Norte América?» 313 . Fue con ese espíritu desafiante que Francisco Moreyra, el ministro de Justicia y Educación de Billinghurst, redactó y firmó el prometido decreto de concesión a Yale. Mandó un telegrama al Cusco con el permiso que Yale requería para seguir con sus exploraciones y exportar sus colecciones. La expedición tenía hasta el 1° de diciembre de 1912 para terminar su trabajo bajo la observación de un monitor peruano, quien haría un inventario de la colección de Yale. Una vez que terminara, en el espíritu de colaboración científica, y por esta única vez, los objetos podrían salir del país con destino a Yale 314 . Semejante decreto no parecía una victoria para el Perú. El ministro Moreyra no había mandado todas sus condiciones por telegrama, sin embargo. El decreto completo y su revolucionaria letra fina llegarían al Cusco por correo justo antes de la partida del equipo de Yale, por lo que Bingham tendría todo el largo viaje de retorno para contemplar la victoria final que el Perú le había arrancado a Yale. 215

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx