Las tumbas de Macchu Picchu

la concesión de Yale en el congreso, descubrió que estaba siendo revisada por el presidente del Instituto Histórico del Perú, don Eugenio Larrabure y Unanue, el anciano caballero que había propuesto su propia ley de prohibición de objetos. Don Eugenio le hizo saber a Bingham que estaba completamente en contra de la concesión, tanto porque le permitía a Yale socavar el decreto anterior y llevarse objetos a New Haven, como por ser exclusiva, prohibiendo un acceso peruano a su propio pasado. Su respuesta a la concesión de Yale, publicada en los periódicos del país, fue directa: «La ciencia no se concilia con los monopolios», escribió308. Su punto general era más sutil: el libre comercio de arte y objetos peruanos había inspirado un mayor interés en el país, pero también había promovido el saqueo y destrucción generalizados de los descubrimientos arqueológicos al haber estimulado una demanda de parte de extranjeros adinerados. Aunque el equipo de Yale no buscaba comercializar los objetos, su presencia promovió un espacio de discusión más importante que el que ofrecían los saqueadores clandestinos. 197

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