Las tumbas de Macchu Picchu

resucitando la antigüedad incaica como ningún arqueólogo había hecho antes. Esta resurrección venía de algo sórdido, sin embargo: la coerción de los indios a lo que Eaton llamaba una «búsqueda impía pero lucrativa», una que culminaba con la ingestión de los muertos 295 . Los cazadores de tesoros habían visitado las ruinas previamente y se habían ido con ceramios, pero la expedición de Yale era diferente. Para Yale, todo en Machu Picchu, los cráneos y huesos de los ancestros de los residentes incluidos, eran tesoros que podían ser comprados y poseídos. Tal como Bingham iba a descubrir por sí mismo, de haber una maldición en Machu Picchu era esta: si algo puede ser poseído, puede ser disputado. Yale estaba amasando una de las colecciones de objetos incaicos y restos humanos más importantes en lo científico, y más evocadoras en lo espiritual, de la historia. ¿Pero a quién pertenecía este tesoro? 191

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