generosidad de corazón. Adam Chanzit, Emily Guilmette y Jared Leboff fueron más allá del deber por varias razones que conocen y nunca me sacan en cara. Y por el mejor verano de mi vida, que afortunadamente fue el mismo verano en que terminé este libro, agradezco a mi lectora más cercana, Hannah Carney, ahora mi esposa, quien ha enriquecido mi vida de tantas maneras. Un agradecimiento final va para Brigid y Bill, mi madre y padre, que se conocieron en Papúa Nueva Guinea: una partera australiana y un antropólogo estadounidense que intentaban buscar su camino en la vida. Les dieron a sus hijos compasión y curiosidad, un sentido de justicia y un deseo de aventura. Este libro, en todas sus versiones, es suyo también. Por su amor y apoyo incondicional, no puedo agradecerles lo suficiente. Christopher Heaney Pueblo Libre, Lima Setiembre de 2012 16
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