Las tumbas de Macchu Picchu

Interludio: TITU CUSI Después de escapar del Cusco en 1536, Manco Inca se asentó en la selva y fundó Vilcabamba como un último refugio de independencia religiosa y política. A pesar de las lluvias y de estar muy lejos del Cusco, Manco y sus seguidores vivían bien, adorando al sol de formas en las que sus parientes en el Cusco tan solo podían hacer en privado. Pero mientras los españoles le negaran a Vilcabamba el derecho a existir y Manco mantuviera su guerra de guerrillas, la ciudad estaba bajo la constante amenaza de una invasión española. En 1539 partió del Cusco un grupo de 300 españoles comandado por Gonzalo Pizarro —quien alguna vez había raptado a la esposa de Manco, Cura Ocllo— y una columna de guerreros indígenas comandada por Paullu, el hermano de Manco y rival por el título de emperador Inca. Los guerreros de Manco emboscaron a la expedición con flechas y rocas, matando a 36 españoles, pero la expedición de Pizarro siguió avanzando sobre Vilcabamba. Ahí fueron testigos del desenlace de una tragedia familiar. Dos hermanos de Cura Ocllo se habían adelantado a los españoles, alegando que habían ido para unirse a Manco. En persona, sin embargo, intentaron convencer a Manco de que abandonara Vilcabamba y que accediera a un arreglo pacífico. ¿Paz? Después de la traición de Paullu y los demás, Manco odiaba la palabra y temía que sus propios familiares hubieran guiado a los españoles a su refugio. Echando de lado los ruegos de Cura Ocllo, los mandó decapitar. «[M]as justo es que le corte yo sus cabeçcas que no que lleuen ellos la mya», le dijo. La esposa de Manco quedó destrozada, y pese a que los españoles se acercaban, se rehusaba a abandonar el lugar donde se había cometido ese acto de crueldad. Manco y sus hombres intentaron repeler la expedición enemiga usando armas de fuego españolas, pero después se vieron 164

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