Las tumbas de Macchu Picchu

Capítulo 11 LA PAMPA DE LOS ESPÍRITUS Hasta el momento, Hiram había visitado sitios incaicos próximos a poblaciones modernas; lugares que si bien seguían figurando en los mapas, habían ido perdiendo sus nombres antiguos. Pero para seguir buscando Vilcabamba, tendría que ir más allá, a un territorio temido tanto por los peruanos más occidentalizados como por los españoles que les precedieron. Tendría que internarse en la selva, más allá de cualquier poblado conocido en la historia incaica, a un lugar que supuestamente contaba con una ruina de nombre sumamente evocador: Espíritu Pampa. Espíritu Pampa estaba custodiado por unos indígenas selváticos que compartían esa cualidad fantasmal, y pertenecían a uno de los pocos grupos indígenas que lograron repeler la conquista española. Durante los primeros 350 años de colonización en América, los indios de los Andes orientales se habían escabullido de los esfuerzos coloniales españoles cual pececillos de una red demasiado gruesa. Fueron tanto aliados como enemigos de los incas, y después de la conquista retomaron el control de la región y la defendieron de la invasión española. Divididos en cientos de grupos lingüísticos y por intermitentes guerras rituales, los Asháninka, Shuar, Machiguenga e incontables pueblos más se organizaron en pequeños hogares polígamos. Cazaban, pescaban y practicaban agricultura de tala y quema a pequeña escala. Comerciaban, se casaban e intercambiaban regalos para establecer vínculos comunitarios sagrados. Para separar los espíritus buenos de los malos —y para castigar a los segundos— preparaban y consumían una potente liana alucinógena llamada ayahuasca o yagé, una sustancia tan poderosa que los andinos orientales creían que el mismo Dios se inclinaba ante su superior sabiduría222. Estos habitantes de la selva eran también sumamente independientes y reacios a ser convertidos a una religión que exigía que se convirtieran en 149

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx