Las tumbas de Macchu Picchu

una forma completamente diferente. Mientras Machu Picchu se alzaba grandiosamente al cielo, este valle ofrecía una sensación de paz. A las cuatro de la tarde llegaron a un claro que se asemejaba a un anfiteatro. Pequeñas piedras se esparcían en sus extremos, algunas talladas como sillas. En el lado occidental del claro, que colindaba con la cadena de Rosaspata, estaban los restos de una estructura rectangular que alguna vez fuera sólida. En el centro del claro, sin embargo, había una gran piedra de granito blanco, más grande que una casa. Estaba cubierta de grabados, y se cernía sobre un manantial frío y oscuro, y pastos cenagosos, cual bestia prehistórica. Su lado norte había sido aplanado, y unos cubos de entre diez y veinte centímetros —intihuatanas horizontales, casi— sobresalían de la piedra. A medida que el sol pasaba por encima, estas protuberancias dejaban sombras curiosas que se asemejaban a los trucos cubistas que jugaban con la profundidad y percepción. La parte superior de la piedra tenía una serie de altares o asientos y estaba oscurecida con líquenes. Una angosta y solitaria grieta partía esta sección. La rajadura parecía haber sido artificialmente ensanchada, pensó Bingham. Se preguntó si un sacerdote del sol se paraba encima de la roca para dar la bienvenida al sol naciente o, de manera más sensacional, usaba la rajadura «para drenar la sangre de la víctima sacrificada en la cima de esta» 220 . Esta era Ñusta España, o Ñusta Hispanan, dijo el guía, el sitio del cual habían oído en Lucma. Bingham y Foote empezaron a celebrar. Lo habían encontrado: Ñusta Hispanan era seguramente el nombre moderno de Yurak Rumi, el gran santuario del sol de Manco Inca. Y si este era Yurak Rumi, entonces el palacio en la colina cercana seguramente no podía sino ser Vitcos, el bello palacio del Manco exiliado. Vitcos fue el primer lugar hacia donde Manco huyó para sobrevivir, seguir luchando contra los españoles y adorar en paz. No era tan espectacular como Machu Picchu, pero el complejo entero, desde el palacio hasta el santuario del sol, tenía una belleza silenciosa y meditabunda. El descubrimiento de Machu Picchu podría ser una «gran noticia», pero identificar Vitcos y Yurak Rumi sería el logro más claro de Bingham, lo cual fue posible, obviamente, gracias a la investigación preliminar del archivista Carlos Romero en Lima. Por primera vez en siglos, el primer palacio de Manco reaparecería en los mapas, poniéndole fin a años de especulación. Al fusionar las herramientas de archivo del historiador con la brújula del explorador, así como con su propio entusiasmo magnífico, Bingham había demostrado que se podía confiar en las crónicas, y que la 146

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