Pero Bingham podría encontrar lo que buscaba, reconoció Quevedo. Al bajar la temperatura, y mientras los estadounidenses disfrutaron de una merienda sencilla pero abundante, el subprefecto pensó durante un largo momento, y le dijo a Bingham que siguiera el río Urubamba dos leguas más allá de la hacienda de Torontoy y que preguntara por las ruinas en la cima de la montaña. Eran las mismas instrucciones que Bingham había obtenido del minero alemán en el Cusco, pero esta vez el subprefecto le dio un nombre a las ruinas: Huayna Picchu. No calzaba con nada que Hiram hubiera leído en los archivos limeños, pero lo escribió en su diario de todas maneras. «Alguien acá dice que es mejor que Choqquequirau», añadió 176 . 118
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx