Las ruinas de Moche

372 Compárese Pachacamac, p. 53 a, nota de pie 1. En Pachacamac donde este culto tenía su auge máximo en el tiempo de la llegada de los españoles, todos los poderes inherentes en la naturaleza orgánica y anorgánica fueron concebidos como animados. En esta calidad fueron venerados y las representaciones en lám. 11, figs. 4 a 6 podrían caber completamente en esta creencia. 373 Compárese Nos.2981, 2942, 2978, entre otros. 374 Compárese el monstruo en lám. 10, fig. 17. 375 Compárese No.2812, fig. 99. 376 Compárese Haucha, la divinidad de la fiebre y de epidemias, armada con porra y arco y flechas en Anónimo, Tres relaciones de antigüedades, p. 139. 377 De ahí probablemente la frecuencia de sus representaciones en las vasijas colocadas en contextos funerarios. 378 Las bandas a modo de franjas en la cabeza ilustradas en Dieseldorff (lám. XIII) recuerdan a las de la lám. 10, fig. 17. [Falta la figura 124]. 379 Los sacerdotes de las vasijas en lám. 12, fig. 6 llevan leves indicios de barba en sus mentones. 380 A De la Espada no le faltó razón en desconfiar de la autenticidad de la representación barbuda en l.c. lám. 1, fig. 10 y l.c. p. 625. 381 Compárese Desiré Charnay, The Ancient Cities of the New World, 1887, pp. 344 y ss. 382 Compárese las figuras de las trompetas y flautas en lám. 9. 383 Anotación: 1. Contexto funerario de M. Rev. Histórica. [Nota de traductor: aparentemente se trata de Max Uhle (1907). La estólica en el Perú, Revista Histórica, 2, 119, 122-123, lám. II, 1-3. Por tanto, se trata de un agregado al manuscrito original]. 384 J.J. von Tschudi, Kulturhistorische und sprachliche Beiträge zur Kenntnis des Alten Peru, p. 43. 385 Von Tschudi, l.c., p. 218. 386 Compárese figs. 18-19. 387 Compárese fig. 87. 388 Compárese lám. 15, figs. 7-10. 389 Compárese lám. 7, fig. 12. 390 Uno de los anillos completados de forma ovalada tiene una longitud de 6 1/ 4 pulgadas y un ancho de 5 pulgadas. 391 Compárese lám. 10, fig. 5 y lám. 9, fig. 10. 392 Compárese Henry W. Henshaw, Perforated stones in California, en Smithsonian Reports, 1887; y R.A. Philippi, Sobre las piedras horadadas de Chile, Anales de la Universidad de Chile, 1884, p. 470 y ss. 393 El orden de este procedimiento pudo haber variado en detalles. 394 Compárese lám. 16, fig. 4. 395 Compárese lám. 16, fig. 1. 396 Según la identificación del profesor Satchell de la Universidad Estatal, se trata de Gigartea chamissoi. 397 Compárese lám. 8, fig. 5b. 358

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