caricaturesco de Pancho Fierro, el Goya limeño» (Palma, 1952, p. 432). En la segunda, la mención es más circunstancial. Haciendo alusión a una autoridad colonial, el regidor del cabildo de Lima Manuel Joaquín de Cobos, Palma escribe: «[…] poseo una acuarela de Pancho Fierro que lo representa en traje de cabildante, con sombrero de tres candiles, bastón con borlas y espadín» (Palma, 1952, p. 908). La tercera es a propósito del padre Abregú, personaje de una de sus tradiciones, que también había sido retratado por Fierro: «El lápiz de Pancho Fierro, el espiritual caricaturista limeño, ha inmortalizado la vera efigie del padre filipense» (Palma, 1952, p. 1045). De estas referencias se puede inferir que Palma usaba las acuarelas de Fierro como fuentes documentales de sus relatos y que guardaba para el artista una gran admiración. No en vano lo llama el «Goya limeño» o le reconoce una espiritualidad que le permite «inmortalizar» una presencia. Esta situación vuelve más intrigante la falta de una tradición o un artículo de Palma sobre Fierro. Más aun por cuanto, como veremos a continuación, Palma estudió las imágenes elaboradas por Fierro, las describió, las comentó, las organizó. Pero tal estudio no estaba destinado a publicarse. Hacia mediados del siglo XIX, el historiador Agustín de la Rosa y Toro se empeñó en formar una colección de acuarelas de Pancho Fierro. Algunas encargadas directamente al artista, otras, probablemente, compradas a particulares. Su propósito era inspirarse en las imágenes de Fierro para escribir la historia de la joven República. Pero en 1885 desiste de su proyecto y decide regalar su colección a Ricardo Palma. En la carta que acompaña la entrega de las acuarelas, el historiador escribe: Mi afición a las antigüedades históricas me determinó desde hace algunos años formar una colección de cuadritos a la aguada, que a indicación mía iba produciendo el conocido pincel de Pancho Fierro, para con ellos avivar el recuerdo de los trajes, usos, costumbres e instituciones de la época colonial de nuestro país […]. La muerte de aquel renombrado artista interrumpió mi propósito […]. Comprendo que Ud. es el llamado para poseer mi colección para que pueda utilizarla en las preciosas producciones de su bien cortada pluma. (De la Rosa y Toro, citado en Franco de Montenegro, 2007, s.p.). Aunque no sepamos el número exacto de acuarelas legadas a Palma, sí sabemos que este continuó coleccionándolas, de manera que reunió 238. La importancia que Palma dio a esta colección queda evidenciada en el cuidado con que las trató. Las agrupó en dos volúmenes que mandó encuadernar, a los que bautizó como «Lima Tipos y Costumbres por 64
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