políticos por su prestigio e influencia. Fierro lo retrata como un hombre determinado y cumplidor. De una manera muy similar, pero también muy diferente, lo retrata Bonnaffé en una litografía de 1855 (figura 18). No estando en capacidad de juzgar quién copia a quién, nuestro análisis sí puede dirigirse a analizar las diferencias. La formación académica de Bonnaffé queda evidenciada en el cuidado del dibujo y en la abundancia de detalles, mientras la imagen de Fierro es más sencilla y austera. Pero la sobrecarga casi manierista de Bonnaffé está orientada a acentuar lo pintoresco y lo exótico; Fierro, en cambio, evita la reificación, de manera que su personaje nos resulta más próximo y familiar. IX Ha llegado la hora de trabajar la intertextualidad. Es decir, las influencias presentes en las imágenes de Fierro y, de otro lado, el impacto que el propio Fierro llegó a tener en su época. Sobre todo a partir de las copias de sus originales producidas en China por diestros dibujantes. Resulta claro que mucho del proyecto estético de Fierro se inscribe en el naturalismo. El programa naturalista no busca idealizar el mundo sino reproducirlo en su patente inmediatez. El naturalismo supone alejar al arte del poder. Ya no se trata de halagar al poderoso. Refiriéndose a Caravaggio como uno de los fundadores del naturalismo, Ernst Gombrich escribe: Asustarse de la fealdad le parecía una flaqueza despreciable. Lo que él deseaba era la verdad. La verdad tal como él la veía. No sentía ninguna preferencia por los modelos clásicos ni ningún respeto por la belleza ideal. Quería romper con los convencionalismos y pensar por sí mismo respecto al arte. […] se le acusó de naturalista […]. El naturalismo de Caravaggio […] [es] su propósito de copiar fielmente la naturaleza, nos parezca bella o fea […] debió leer la biblia una y otra vez, y meditar acerca de sus palabras […] dese(ó) ver los acontecimientos sagrados delante de sus ojos, como si hubieran acaecido en la proximidad de su casa. E hizo todo lo posible para que los personajes de los textos antiguos parecieran reales y tangibles (Gombrich, 2007, pp. 392-393). El costumbrismo hereda el rechazo a la idealización, pero se dirige hacia el mundo popular. Según Carmen Rodríguez (2010), el género surge en Inglaterra hacia 1830 y rápidamente se instala en Francia para luego expandirse hacia España y América. El costumbrismo apuntaba hacia lo típico, que podía definirse como aquello que, siendo común en un mundo social es, sin embargo, particular de ese mundo. Allí, en lo típico, estaría el 57
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx