La urgencia por decir nosotros

En esta imagen parece escenificarse una dificultad para determinar el orden en el desfile. Es decir, el conflicto de precedencias que surge cuando no hay acuerdo en torno a la «calidad» de las personas, de manera que no hay un orden «natural» en el desfile. El resultado es la parálisis. Efectivamente, el desfile está inmovilizado sin poder fluir como rito colectivo. En todo caso, es como si el conjunto de caballeros estuviera esperando ponerse de acuerdo en torno a quién debería encabezar el desfile, quién debería ir segundo y así sucesivamente. La competencia en torno al «lustre» y preeminencia de las personas impedía que el espíritu jerarquizador se plasmara en un orden de reputación. Así, cualquier ceremonia o ritual se veía complicado por las luchas de prestigio entre las familias principales. El «público», compuesto sobre todo por tapadas e indígenas, está presente, pero la imagen no registra su expresión pues ellos están de espaldas. Esa expresión bien pudiera ser de desconcierto o risa, pues la situación tiene algo de ridículo. En todo caso, una vez más, la sociedad, al menos la aristocrática, no funciona tan bien como pretende8. Algo similar, la imposibilidad o dificultad para imaginar la sociedad, ocurre en el campo literario. El ejemplo emblemático es, desde luego, Tradiciones peruanas de Ricardo Palma. La fragmentación del mundo social, lo segregado y diverso de su población, impiden imaginar una narrativa que integre la ciudad. Esa narrativa tendría que basarse en personajes densos, de iluminada interioridad, y que circulen por distintos espacios sociales en tramas que comprometan a gente muy distinta. Y la realidad era, en cambio, muy disgregada. Entonces en Fierro y Palma la proliferación de fragmentos viene a sustituir a la imposible visión totalizante que, de manera demasiado idealizada, sí está presente en la pintura de Rugendas. El mundo limeño es pues muy diverso y representarlo supone un desafío que, si se quiere ser veraz, exige una aproximación basada en el fragmento, en la primacía de la heterogeneidad. En cierto sentido, podríamos decir que la sociedad criolla es muy incipiente, pues aún no se ha forjado la socialidad que permita una interacción fluida; pero esa socialidad está apareciendo en la realidad, sobre todo en la imaginación de los creadores de cultura, como Fierro y Palma, pero también, como señala Jesús Cosamalón (1999), en la propia vida cotidiana del pueblo que se desafilia del sistema jerárquico de las castas para producir un mestizaje entre indios, blancos y negros, el cual es cada vez más abigarrado. En cualquier forma, esta socialidad emergente acusa ya el impacto de la 40

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