La urgencia por decir nosotros

podemos hablar de una nación. Una sociedad donde prima la ley sobre el privilegio y donde existe la obligación, y la disponibilidad, para ayudar al que más necesita. En el Perú el nacionalismo es aún incipiente. El reclamo de privilegios mina la vigencia de la igualdad. Y la solidaridad está también interferida por el racismo. Finalmente, el sentimiento de orgullo está menoscabado por la fuerza de las actitudes coloniales. El impulso mimético nos aparta, dogmáticamente, de nuestra historia. Lo propio todavía no se ha liberado del cargo de inferioridad. Este panorama, por más desolador que pueda parecer, es el mejor que hemos tenido. El Perú ha sorteado ya demasiados obstáculos como para imaginarlo como una sociedad fallida. Y aun cuando las divisiones sean tan profundas, la sociedad peruana está destinada a nacionalizarse, y cuanto más rápido lo comprendamos los peruanos será mejor para todos. 62 He analizado esta fantasía en «Los fantasmas de la clase media» (Portocarrero, 2007, p. 2). 63 Para un análisis histórico del miedo a la plebe y a las ideas de la Revolución Francesa, ver los trabajos de Claudia Rosas (2005) y Scarlett O’Phelan (2005), y la obra de Alberto Flores Galindo. Para una versión contemporánea del sitio de La Paz, de la ferocidad del combate en el levantamiento de Túpac Katari, se puede leer el diario del oidor Diez de Medina (1981). 64 Esta es la interpretación que desarrolló Pablo Macera a inicios de la década de 1980: «[…] estoy convencido de que las gentes de Sendero Luminoso son gente que sabiéndolo o no —esto es un problema aparte— están conectados con un movimiento mesiánico, milenarista, andino que se ha venido repitiendo, reiterando y fracasando desde el siglo dieciséis en adelante» (citado por Portocarrero, 2012, p. 84). El texto original se encuentra en Pablo Macera, Las furias y las penas (Mosca Azul, Lima, 1983). 65 Me estoy refiriendo al «etnocacerismo» en la versión de Antauro Humala, inspirada por las ideas de su padre Isaac Humala. La idea es que cada raza tiene en un continente su hábitat «natural». Entonces, Europa es de los blancos, África el de los negros, Asia el de los amarillos y América el de los cobrizos. El etnocacerismo es un nacionalismo indigenista que propugna que el Perú debe ser gobernado por los cobrizos, que son los pobladores originarios y que serán los únicos ciudadanos de pleno derecho una vez que la sociedad peruana se recupere de los estragos de la invasión europea. La gente de otros pueblos podrá permanecer en el país en calidad de ciudadanos invitados, de segundo orden (ver Coronel, 2013). 66 Para una historia de la divulgación escolar de la historia del Perú se puede leer mi libro «El Perú desde la escuela», escrito con Patricia Oliart (1989). 67 He trabajado este concepto en el ensayo «La sociedad de cómplices como causa del (des)orden social en el Perú» (Portocarrero, 2005). 304

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