La urgencia por decir nosotros

Sabemos que pretenden desfigurar nuestros rostros con barro; mostrarnos así, desfigurados, ante nuestros hijos para que ellos nos maten. No sabemos bien qué ha de suceder. Que camine la muerte hacia nosotros; que vengan esos hombres a quienes no conocemos. Los esperaremos en guardia, somos hijos del padre de todos los ríos, del padre de todas las montañas. ¿Es que ya no vale nada el mundo, hermanito doctor? No contestes que no vale. Más grande que mi fuerza en miles de años aprendida; que los músculos de mi cuello en miles de meses, en miles de años fortalecidos, es la vida, la eterna vida mía, el mundo que no descansa, que crea sin fatiga; que pare y forma como el tiempo, sin fin y sin principio. 56 En su introducción, Dévez escribe: «El pensamiento latinoamericano desde comienzos del siglo XIX ha oscilado entre la búsqueda de la modernización o el reforzamiento de la identidad. Ha sido de igual modo permanente el intento por equilibrar ambas dimensiones. Esta es la tesis que quiero probar» (1997, p. 11). 57 Arguedas formula su proyecto de revaloración de lo andino en muchísimos textos. El más directo y contundente es el poema «Llamado a algunos doctores», que se pone como anexo al final de este ensayo. El poema es complejo y requiere de un análisis detenido. No obstante, en beneficio de mi argumentación me interesa subrayar que el «llamado» de Arguedas se dirige a «algunos doctores» que él presume como no estando «embrutecidos por el egoísmo». Arguedas se expresa en un nosotros inclusivo que, en lo sustancial, se refiere a los pueblos indígenas. Se atribuye una representación y expresa lo que los postergados dirían, o deberían decir, si pudieran hablar, si tuvieran oídos amigos, dispuestos a escucharlos. Es un canto a la vida, una situación que nos hace humanos, que todos compartimos. La vida es grande y puede ser mejor si todos estamos dispuestos a aprender de todos. Pero no hay certezas, solo apuestas. Y los doctores deben acercarse y hermanarse con los indígenas para crear un mundo donde la gente esté en comunión, entre sí, y con la naturaleza. Pero, como se ha comentado, este deseo, que tanto hace recordar a Vallejo, no tiene un proyecto económico detrás. A Arguedas no le gusta el capitalismo, pero percibe que subvierte el gamonalismo, la opresión sobre el indígena y, de otro lado, no se figura cómo podría engendrarse un régimen socialista. 58 Conversación personal. 59 En este sentido son muy ilustrativas las palabras que Arguedas pronunciara en un homenaje al joven poeta Javier Heraud, caído en una acción guerrillera en mayo de 1963. En junio de 1963, en la Universidad Nacional de Ingeniería, Arguedas dice: «Hasta el día de hoy quienes tienen la responsabilidad del gobierno y del destino del Perú no han permitido sino un solo campo de acción para quienes anhelan la justicia verdadera, es decir, el camino abierto para la igualdad económica y social que a la igualdad de la naturaleza humana corresponde; ese camino es el de la rebelión, el del 281

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