CAPÍTULO 8. JOSÉ MARÍA ARGUEDAS: LA VALORACIÓN DE LO ANDINO COMO VÍA A LA INTEGRACIÓN DE LO PERUANO I A partir de 1930 se desvanece la perspectiva mariateguiana de un «socialismo indoamericano». En efecto, la esperanza de que el futuro pudiera edificarse sobre la base de un presente ancestral, indígena y comunitario, aparece como romántica y voluntarista, poco efectiva para servir de guía a los jóvenes que quieren cambiar el mundo de su época, una realidad que se define por el imperialismo económico de las grandes empresas extranjeras, la concentración de la propiedad y el poder político en manos de la aristocratizada burguesía criolla y lo desalmado de la opresión gamonal sobre el indio. En su obra, Mariátegui imaginó un horizonte utópico en el que se fundían el marxismo —como anhelo de justicia, belleza y felicidad— con el deseo de continuidad y autonomía del mundo andino peruano. Esta conjunción da vida a una narrativa donde el poder es recuperado por los indígenas y mestizos que, sin rechazar la cultura y la tecnología occidental, logran readquirir —para sí mismos y para su propia tradición— el protagonismo perdido con la invasión y conquista española. Este relato ha tenido muchas variantes en la historia peruana. Desde aquella que supone la exterminación de todos los blancos y mestizos hasta la que insiste en una alianza que indigenice, o nacionalice, a criollos y mestizos. Y, claro está, estas distintas variantes corresponden a diferentes sujetos sociales. Túpac Amaru, como cacique indígena principal, tenía muchas simpatías entre mestizos y criollos, de manera que imaginaba un frente amplio que los incluyera en su proyecto de romper el vínculo colonial para restaurar el Imperio de los incas. Un imperio imaginado, gracias a la lectura de Garcilaso de la Vega, como una sociedad justa y armónica donde, sin embargo, el poder estaba concentrado en el inca. Pero no sucedía lo mismo con muchos de los indios que lo siguieron, pues ellos pusieron en práctica la aniquilación de blancos y 247
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