La urgencia por decir nosotros

Figura 3. Juan Leppiani Toledo, Proclamación de la Independencia del Perú, Roma, 1904. Pinacoteca del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú. Esta es la imagen «clásica», oficial y hegemónica de la proclamación de la Independencia. Ella se reitera en los textos y láminas escolares, de manera que es parte del archivo o cultura visual de (casi) todos los peruanos. San Martín, en el primer plano, sobre el trasfondo una multitud compacta, declara la Independencia, aunque lo hace con una bandera que tampoco es la que se usó en la ceremonia de 1821. Y rodeando a San Martín, vemos a una serie de personajes, la mayoría uniformados: un sacerdote, siete militares, cinco civiles. Uno de ellos mira hacia el pintor. Es como si fuera el testigo llamado a narrar los acontecimientos para que el pintor los pueda imaginar y mostrar. Todas las figuras del primer plano tienen trajes elegantes; es decir, pertenecen al mundo de la aristocracia criolla. Entonces, la imagen consagra una visión de la Independencia donde la dirección está en manos de la élite de siempre. Salvo en la primera fila, el público carece de rostro, es una presencia brumosa, una masa grande y compacta, pero sin marcas étnicas ni de clase. Una suerte de pueblo abstracto, de gente vuelta equivalente por aprobar la ruptura del vínculo colonial2. 23

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