La urgencia por decir nosotros

Figura 1. Pancho Fierro, ca. 1870 (fotógrafo anónimo). Archivo Estudio Courret Hermanos. En las líneas que siguen trato de reconstruir el camino que me llevó a la conclusión anunciada. Para empezar, este camino significa reconocer en Fierro a un gran artista, un creador capaz de producir obras que son «un vehículo de significado que tiene que ser desempaquetado» (Danto, 2003, p. 12)1. Es decir, revelar una verdad profunda a través de un conjunto de imágenes que la crítica debe esforzarse por traducir en palabras. Para hacerlo, el primer paso fue «sumergirme» en sus acuarelas. Verlas una y otra vez. A mi trabajo le es esencial la dimensión intratextual: deletrear las imágenes, como dice Jesús González Requena (2006), describirlas en detalle. Esto no significa ignorar o descuidar la dimensión intertextual pues en necesario colocar la obra de Fierro en el contexto de su época, y reconstruir las influencias que recibió y transformó. Pero empezaremos estudiando algunas de sus imágenes en la idea de calibrar su veracidad; es decir, la hondura con que calan en la vida social. Trataremos luego de definir la mirada, o el deseo, desde donde las elaboró. El siguiente paso será identificar el lugar social, la trayectoria biográfica, 20

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