La urgencia por decir nosotros

ciertos jóvenes valores. Entonces cabe hacer un llamado a una escritura más dinámica y esencial. IV Y ahora me toca la liberadora felicidad de agradecer. En primer lugar a la Pontificia Universidad Católica del Perú, mi hogar académico. En retrospectiva, me doy cuenta de que ingresar a su planta docente es lo mejor que pudo sucederme. Aquí he encontrado un espacio de diálogo con colegas y estudiantes que ha sido siempre estimulante y comprometedor. También una política de fomento de la investigación que se traduce en la posibilidad de semestres sabáticos y becas postdoctorales. Precisamente mucho de este libro fue escrito en Madrid, en una entrañable y permanente conversación con el doctor Jesús González Requena, profesor de Análisis de la Imagen de la Universidad Complutense de Madrid. Aprovecho para dejar constancia de mi agradecimiento por todo lo que he aprendido junto a él. El Instituto Riva Agüero, mediante su concurso de ayudas de investigación, me concedió los fondos que me permitieron contar con la colaboración de Silvia Agreda Carbonell, así como realizar viajes a distintas partes del Perú. En esas jornadas entrevistamos a muchos artistas e intelectuales en función de identificar las visiones de futuro insinuadas en sus obras. Toda esta información, en mucho ya procesada, será la materia de un próximo libro. Entonces mi agradecimiento a Silvia y al Instituto, en la persona de su director, José de la Puente Bruncke, por su confianza y apoyo. Además, este apoyo, ofrecido por alguien que proviene de una tradición intelectual distinta a la del Instituto, pone en evidencia la amplitud de quienes lo dirigen, pues no demandan incondicionalidad sino un sincero compromiso con la búsqueda de la verdad. En la PUCP, la maestría de Estudios Culturales ha sido, en estos últimos años, mi referencia inmediata. Se trata de un emprendimiento interdisciplinario, una apuesta por generar un espacio de convergencia entre las Humanidades y las Ciencias Sociales. El diálogo con Víctor Vich y Juan Carlos Ubilluz, y con los estudiantes, me ha permitido divisar mejor mi camino. Y también debo mencionar al Grupo de los Zorros, reunido en torno a la lectura, primero, de la novela póstuma de Arguedas y, luego, comentando el manuscrito de Huarochirí, en una empresa que felizmente no parece tener término a la vista, pues en el grupo se vive la alegría de compartir encuentros con la antigüedad peruana. En este grupo tengo que 17

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