historia se podrían resumir de la siguiente manera. En otros tiempos, la huaca Llocllayhuancupa fue descubierta accidentalmente por una mujer cuando trabajaba en su chacra. Aunque en un principio la huaca permaneciera en silencio, otra huaca la hizo hablar, de manera que la huaca recientemente hallada dijo: «Yo soy el hijo de Pachacámac, del que hace temblar la tierra y mi nombre es Llocllayhuancupa. Mi padre me ha enviado para custodiar a esta comunidad de los Checa» (Taylor, 2008, p. 89). Con regocijo, el pueblo anticipa los beneficios de su presencia, de manera que, a cambio de los favores que habrán de recibir, le organizan un culto que implica darle de comer y beber y celebrar fiestas en su honor. En realidad no se especifica qué cosa era Llocllayhuancupa. Podría ser una piedra, pero tendría que ser de alguna forma especial para que despertara ese sentimiento de sorpresa y reverencia que fundamenta lo sagrado. De otro lado, la espiritualidad de la comunidad que lo acogió parece estar marcada por la búsqueda de una figura protectora, una suerte de padre con quien entrar en algún tipo de contrato, de modo que el culto y los sacrificios rendidos por los hombres y mujeres a la divinidad, u objeto sagrado, se verían recompensados por la protección que esta les dispensaría. Si no hay celo en el culto, la huaca puede molestarse, yéndose, o volviéndose indiferente, o castigando a sus ingratos protegidos. En todos los casos la gente tiene que reaccionar renovando su atención a su huaca. No ha sobrevivido ninguna representación de la huaca Llocllayhuancupa. En las campañas de extirpación de idolatrías los sacerdotes católicos ponían un gran énfasis en la destrucción de todos los objetos del culto a las divinidades andinas. Se montaba un ritual donde se demostraba, a través del desprecio a los ídolos y la quema de las huacas, que el Dios cristiano era el único válido. Las divinidades andinas eran demonios menores a los que Cristo podía vencer con toda facilidad. Ahora bien, aunque no se conozca ninguna imagen de Llocllayhuancupa, sí sabemos que era hijo de Pachacámac y que estaba mandado por su padre para ofrecer protección. Entonces se puede pensar que no sería demasiado diferente a las representaciones de este último, como la que se muestra en la figura 1, que es nombrada como el «ídolo de Pachacámac». 173
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