La urgencia por decir nosotros

que Basadre ha calificado como lleno de amargura y resentimiento (ver, de José de la Riva-Agüero y Sánchez Boquete, Memorias y documentos para la historia de la Independencia del Perú y causas del mal éxito que ha tenido ésta [1858], obra póstuma publicada con el pseudónimo P. Pruvonena, en París). 27 «[…] que aun cuando subalterno en ideas, instituciones y lengua, es el primordial en sangre, instintos y tiempo. En él se contienen los timbres más brillantes de lo pasado, la clave secreta de orgullo rehabilitador para nuestra mayoría de indios y mestizos, y los precedentes más alentadores para el porvenir común» (Riva Agüero, 1995, p. 146). 28 A continuación cito el testimonio del padre Enrique Camacho: «Vino un niño y me dijo: “Responso”. No entendía. El fraile Javier me indicó que acompañara al niño a su casa. En el camino todo era arena y chozas, perros, bulla de las cantinas, muchos niños jugando en la calle. Finalmente, el niño paró y señaló su casa. Entré por la puerta abierta y había bancas delante de las paredes y mujeres sentadas, hablando. Velaban a su madre, de 26 años, muerta dando a luz su quinto hijo. Fue la primera vez que conocí una barriada en las laderas de Coishco. Me impactó la pobreza. Afuera, hombres sentados conversaban con una caja de cerveza en medio. Al entrar sentí el olor de flores podridas y el calor de las velas; en el medio vi un ataúd y, a través de un vidrio, pude ver a la difunta. Moscas y hormigas caminaban sobre el ataúd. La joven difunta mostraba una cara torcida por el dolor que seguro sintió antes de sufrir el infarto, al dar a luz. Cuando vi este rostro y luego vi al marido, joven también, de no más de 25 años, y vi a los cuatro hijos, desesperados, todos cansados y tristes, comencé a temblar. Sentí que estaba frente a una tremenda injusticia. Sentí el peso de la injusticia de todo el contorno e intuí que esto era causado por una empresa americana. Casi comencé a llorar. Miré a los familiares y dije a la gente: “Perdónenme y perdonen a mi país, no se cómo orar”, y salí. La gente quedó confundida. Todo esto me conmocionó, sentí como que todo el excremento de Coishco me lo hubiesen echado a la cara. Nunca antes había visto un escenario similar. Miré las chozas de alrededor y miré arriba, al cielo, y dije, casi con rabia e indignación por la impotencia, por la miseria: “Señor, si tú pones a cualquiera de esta gente en el infierno también sería injusto, porque esta gente ya vive en el infierno. Nació vivió y murió en el infierno”. Esto me marcó, y con más ánimo y más entendimiento del contexto social, entré en ese mundo pesquero» (citado en Becerra & Pinilla, 2008, p. 97). 29 José Pardo y Barreda era hijo de Manuel Pardo y Lavalle, primer presidente civil del Perú y que lo sería en dos ocasiones: entre 1904 y 1908, y entre 1915 y 1919. En 1915, en medio de la incertidumbre acerca de cómo mantener el sistema de la República Aristocrática, todos los partidos se rinden a su candidatura, que simbolizaba la continuidad de una elevada alcurnia. 30 Al respecto escribe Basadre: «El Partido Civil y el régimen por él apoyado miraron con profundo y avizor recelo a la juvenil aproximación. No tuvo ella voceros periodísticos. No intentó acercarse al pueblo. Y cuando algunos de sus más destacados dirigentes buscaron curules parlamentarias, hallaron o creyeron hallar la hostilidad de los llamados “elementos oficiales” y no entraron en una lucha que hubiera sido difícil» (Basadre, 2005, p. 211). 31 Ver al respecto, de Luis Gómez Acuña, «Ideología y política en José de la RivaAgüero» (1999), especialmente las páginas 100 a 102; y el libro de Luis Alberto 165

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