sistemática de la historiografía republicana. En realidad, para su juventud, Riva Agüero poseía una gran erudición y un gran talento literario. Debe tenerse en cuenta, además, el espíritu de su época, marcado por la influencia de Rodó y el arielismo. Rodó, maestro de juventudes, contraponía el idealismo de Ariel, con quien llamaba a identificarse a la juventud latinoamericana, al materialismo de Calibán, que sería la marca del pragmático espíritu anglosajón. Ambos son personajes de la tragedia de Shakespeare, Tempestad, y representan figuraciones distintas sobre la naturaleza humana. Ariel se decide por lo ideal y lo difícil. Calibán por lo material e inmediato. A esta atmósfera de época habría que agregar lo peculiar de la situación peruana caracterizada por la exacerbación del patriotismo que produjeron la derrota en la Guerra del Pacífico y la amenaza de conflictos territoriales con Ecuador, Colombia y Chile. ¿Qué menos podía esperar Riva Agüero de sí mismo que convertirse en el gran intelectual que señalara la salida al laberinto peruano? 151
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