La urgencia por decir nosotros

en el autoexilio europeo entre 1919 y 1930. Entonces conforme pasa el tiempo el autor va haciéndose cada vez más extraño a su obra. Y no sabe qué hacer con ella. Un cambio del núcleo original era muy problemático, puesto que los capítulos más importantes habían sido ya publicados. Y el intento de terminarla de 1931 lo deja insatisfecho. De esta manera, la obra queda inédita: Riva Agüero silencia, no quiere asumir, los pensamientos de su juventud. Estas condiciones tan anómalas de escritura hacen que el libro tenga que leerse como un palimpsesto. Lo primero son las notas de campo, tomadas sobre la marcha, seguramente precisas y escuetas. Viene a continuación una demorada y cuidadosa elaboración literaria de esas notas. Escribe en una prosa modernista, que abunda en metáforas grandilocuentes. En la Advertencia preliminar de 1931 refiere: «Mi gusto literario actual halla algunos de estos pasajes en exceso estrepitosos y declamatorios pero fueron impresiones directas y sinceras, y sirven cuando menos para probar que mi generación no ignoró, y antes bien sintió y apreció con bastante justedad, la antítesis física y psíquica de las regiones serrana y costeña, tan explotada y exagerada por los escritores de hoy» (Riva Agüero, 1995, p. 3). Aunque la descripción literaria del paisaje andino o serrano pretenda estar en el centro mismo del libro, a la larga lo más sustantivo son las reflexiones históricas y sociológicas sobre el mundo indígena, la Conquista española, las guerras civiles y, sobre todo, la Independencia del Perú. En efecto, confrontado con los lugares donde ocurrieron hechos decisivos de la historia del Perú, Riva Agüero elabora meditaciones muy libres, y lúcidas, sobre las fuerzas, los hechos y los azares que han dado forma a la sociedad peruana. III Hacia 1912, cuando emprende su viaje, José de la Riva Agüero y Osma era a la vez un prodigio intelectual, un afortunado heredero y el único vástago de una ilustre familia colonial. Una situación ciertamente complicada por la multiplicación de mandatos y expectativas que lleva consigo. En ese momento ya tenía en su haber dos obras de primera importancia, tanto por su erudición como por el atrevimiento de sus conclusiones. En 1905 escribe el «Carácter de la literatura del Perú independiente», su tesis de bachiller. Y en 1910, con tan solo veinticinco años, obtiene su doctorado con otra tesis aún más contundente: «La historia en el Perú», una revisión 150

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