La urgencia por decir nosotros

INTRODUCCIÓN I La vocación intelectual se define por la aspiración a un pensamiento libre, y original, sobre la vida y el mundo. En su raíz está el esfuerzo por elevarse encima de los condicionamientos y prejuicios que limitan la lucidez. Este ideal de elevación no puede realizarse por entero, pues el propio intelectual está arraigado en una sociedad y en una época, en una historia personal de la cual no puede desprenderse todo lo que quisiera. Pero antes que remarcar los límites de sus posibilidades, me interesa identificar aquello que orienta y mueve al intelectual. Su principio es el compromiso con el interés general de una colectividad, el horizonte hacia donde todos sus miembros podrían mirar si es que se sintieran convocados a ello; y la apuesta del intelectual es hacer visible algo que se parezca a ese horizonte aun cuando ello pueda significar una postergación de sus conveniencias personales o de aquellas del grupo al que pertenece. Para elaborar estas imágenes de futuro, el intelectual tiene que partir de la crítica, de poner «el dedo en la llaga», mediante el señalamiento del malestar que (re)produce una situación social. Lejos de asumir ese malestar como un hecho fatal e insuperable, debe sumergirse en el intrincado mundo de las causas y los efectos para producir un diagnóstico que le permita proyectarse hacia las alternativas de cambio posibles, aquellas en las que la gente pueda creer. Entonces, desde una (re)visión de la realidad vigente, a través de un diálogo con los saberes instituidos, puede apelar a la promesa, que es la dimensión profética del quehacer intelectual. El intelectual opera a través de la persuasión. Construye un público gracias a un uso imaginativo, poético, del lenguaje. Un uso que conmueve, que emociona y moviliza, pues redefine la percepción del presente y hace nacer la esperanza de un mejor futuro. Despierta ilusiones en torno a la posibilidad de hacer algo grande, hermoso y verdadero. El intelectual se presenta como un abogado de los ideales colectivos. Pero también es un poeta y un soñador. Tiene que calar hondo, pues en su 9

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