La trampa

pequeña intriga con el "jefe". I han salido ganando. Al "jefe" le gustan los chismes. I ella se siente impotente para repeler los golpes bajos. No sabe luchar en te– rreno a desnivel. Prefiere no defenderse. Pero siente una especie de malestar, como si se fuera desmoronan– do un castillo de naipes ardorosamente levantado. I es que en realidad, Marilú no conoce a las mu– jeres. Su trato con ellas ha sido siempre muy superfi– cial. Por lo general, ha tenido amigos. Con los hom– bres se ha sentido mucho más cómoda, ya que éstos han sido camaradas en su vida de estudiante o lucha– dora social. Alguna vez en una fiesta de camaradería - se ce– lebraba su cumpleaños - en la que sólo había dos mujeres y una docena de hombres - poetas, artistas, escritores maestros - uno de los concurrentes, médico y poeta, propuso que todos pronunciaran un brindis. Era una noche alegre de hermosa recordación. Cuan– do le tocó su turno al oferente, éste pronunció, con én– fasis especial, estas palabras: "María de la Luz, que te m:aldigan las mujeres ... !" Qué extraña impresión le produjeron a ella, mientras el resto de amigos cele– braba la ocurrencia y continuaban brindando. Es verdad, no la quieren las · mujeres. ¿Es que su carácter despierta resistencias? Es que en realidad es ella tan distinta a las demás muieres que no puede en– contrar espíritus afines entre las de su sexo ... ? Hay una especie de celo en el grupo que la rodea, como si ella estuviera usurpando un lugar que no le pertenece. Lo cierto es que María de la Luz no es igual a nin• guna de las unionistas, sin que ella se sienta por en– cima ni por debajo de las mismas. Quizá demasiado introvertida, ignora la forma de'la frivolidad que es el clima que mejor les viene a las muieres. Por lo menos, a la mayoría. -91-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx