La trampa
breras, muieres de los líderes menores o sub-líderes. Estas muieres están en puestos de confianza dentro de las organizaciones femeninas, representan a Marilú an– tes los comités de barrio y le sirven de secretarias en bs diversas secciones de que consta la organi.zación de capacitación femenina. Son útiles trabajadoras, acti– vas, pero llenas de tremendas ambiciones personales y de pequeños celos entre ellas mismas. La indiscutible autoridad de que goza Marilú impide que surjan dis– crepancias más ostensibles entre este grupo de muje– res unionistas. Otra cosa es la masa femenina del partido. Disci– plinadas, en su mayoría incultas, siguen la marcha de la organización sin discuciones. Su participación, en– teramente pasiva, es de esponja o boca hambrienta, que recibe sin tasa ni medida el alimento espiritual de las palabras de fé vertidas por los líderes. Son las que aumentan el número en las grandes manifestaciones unionistas, las que acompañan a los muertos y les lle– ván ofrendas florales, las que cantan y las que aplau– den. Las que visitan a los presos o caen presas ·ellas mismas, y sufren vejaciones como no podrán sufrir ja– más las "damas", para quienes no se ha hecho la pri– sión, excepto las demasiado destacadas, como María de la Luz. También están en este grupo amorfo las he– roínas silenciosas, anónimas, que mueren de hambre, de miseria, perseguidas, y sin rendirse. Para ellas no habrá cenotafios en el partido. No son sino mujeres. Las mujeres son los muros de contención en las grandes avalanchas persecutorias. Las que envueltas en sus ropas, llevan y traen armas, misivas, órdenes peligrosas. Las que no piden nada ahora, sino maña– na, mañana, cuando amanezca: un nuevo sol que alum– bre el camino de todos. Ahora María de la Luz está un poco descon– certada. Las "domas unionistas'' le hon armadq una - 90
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