La trampa

Ahora sólo me queda el recuerdo. Soy un barco de velas anclado en la soledad rocosa de un mar des– conocido. Baten a mis costados las olas de la deses– peración y a veces, no tengo ni el a livio del sueño. Yo fuí un hombre. Tuve ilusiones. Tuve fé. Creí en el amor, en la justicia. Hoy no creo en nada. Náu· " frago de mi mismo, no he conocido ni el amor.' . . I to– davía vivo. El "primero" tiene la cara llena de verdugones. Dice que le picó la uta en la sierra. Ahora se venga en los presos su fealdad. Siente un extraño placer ha- , ciéndonos daño. Nada mejor para él que traernos las malas noticias. Que avisaron de su casa que su hijo tuvo un ataque de meningitis. Que a su padre lo atro– pelló un camión. I así, con la fila de dientes blancos como choclos, da las noticias, igual que si le fuera a decir a uno: alístese, está libre. Hoy ha clavado sus ojiUos minúsculos en mí. I no sé por qué, me ha recorrido un escalofrío. Se llega a poner uno tan suceptible en la prisión. Oye tú, 613, a ver, cuádrate . .. Todo mi ser tiembla. Siento que me sube la sangre. No es odio . . . ya no lo odio. . . es . . . temor . .. El Director dice que te presehtes. - I guiñándome el ojo - te ti-ene un notición . . . pero quie re dártelo él mismo. Camino a la Dirección. Camino, me flaquean las piernas. No, nada bueno ha de ser, es imposible. I de repente, y si fuera la libertad ... ? Casi corro hasta lle– gar a la puerta. El cabo me anuncia. Entro. Stool - dice lento el señor Director - Me cuadro. Su cara es seria. Tengo una mala noticia para Ud . - Sigo. mudo. Un nudo me estrangula. - Su padre .. . - 82-

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