La trampa

Sin tiempo. Para el proso no pasa nunca el tiempo. Sale el sol y se oculta detrás de los altos muros de la prisión y se empieza a perder la noción de los días. Estos adquie-· ren entonces la dimensión de nuestro angustia. Al comienzo uno quiere contar minuto a minuto, los días que van pasando. Se inventa un calendario y se señala los 9-ías que pasan, los meses. . . pero lle– ga el día en .que ningún calendario puede marcar el tiempo que transcurre. Decimos: es invierno, porque los días amanecen opacos y el sol no sale sino de vez en cuando. Porque amanece más tarde y oscurece más temprano. Deci– mos: ha llegado el verano, porque sentimos el canto de los pájaros antes de que nos abran las rejas de la celda y por endina .de los altos muros, se alza la ma– ravilla del sol. Han llegado nuevos "camaradas". Afuera han su– cedido muchas novedades. Y como consecuencia, el presidio se ha llenado de presos. Al principio hoscos, intratables, sospechan de todo el mundo; y no se quie– ren expansionar. En todo tipo que .se les acerca ven un "confidente". Luego viene el ablandamiento. La pri– sión amansa y modela pronto, y al cabo de poco tiam- 7 69-

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