La trampa
suerte del movimiento unionista ... ! Jorge ha llegado a pronunc.iar una fea palabra: traición ... ! Ahora está preso. I yo camino de casa en casa, p idiendo a los camaradas libres que hagan algo por salvarlo. P.ero, qué cosa tan extraña ... ! Veo caras dudosas, gestos evasivos. Miedo ... ? Podemos organizar un grupo de ocho o diez cama– radas. . . tenemos armas. . . El camarada Pepe está lis– to a colaborar con nosotros. Son solo cuatro los gen– darmes que lo guardan. . . Es fácil, camarada. . . - casi ruego. Pero, quién nos dice que no s·ea una emboscada... ? Tú crees que a Jorge lo van a dejar con solo cuatro hombres ... ? - I mueve la cabeza. Es el jefe de los defensistas. Insisto. Es que el prefecto se va a una comida con los ofi– ciales. . . Regresarán tarde, borrachos. . . Jorge no po– dría defenderse de cuatro hombres. . . Pero nosotros sí podemos. . . Hay que hacer algo, camarada! Ya veremos ... déjame actuar a mí. .. No muevas ésto, Clorita, ·déjame ... - • Pero es que el tiempo corre. . . Son las 9. . . Hay que organizar los grupos. Tenemos que actuar rápi– do. . . Apostar gentes que vean la salida del prefecto y los oficiales . . . I proceder ... Qué lío son las muieres metidas a revolucionarias ... ! siempre están con sus lloriqueos. . . Esta es cosa de hombres, Clarita. . . Déiame averiguar todo, a ver qué posibilidades tenemos. . . ¿Por qué el confidente Pepe no vino donde mí ... ? Qué se yo . . . porque le daría miedo tu casa, siem– pre vigilada. . . pensaría que mi casa es menos peli– grosa. . . y como sabe quien soy. . . - Empiezo a sen– tir rabia. - 66 -
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