La trampa

El mártir. • Son las 8 de la noche. U:.1.a meno tímida ha llamado a la puerta. Una mano que no quiere despertar los ecos de la calle. No hay timbres. Muy poca luz desvanece las sombras de la noche. Es nuestra calle pobre de este rincón pro· vinciano, y nuestra vieja casa, refugio de tanto unio– nista íugitivo. Temblamos. ¿No serán los soplones? Clara . . . Camarada Clara. . . - dice una voz me· drnsa, detrás del portón. Reconozco la voz. Sí, es un in-•;estigador de la policía, pero de los nuestros. Abro. Un tipo alto, blanco, asoma los ojos desorbitados. Le dejo ·antrar, y cierro. Pegado a la puerta, cerrándokr con todo su cuerpo, me habla. Clorita. . . esta noche. . . se llevarán a Jorge. . . sé que lo van a matar ... ley de fuga ... La voz le tiembla y la nuez del cuello le sube y le b:da nerviosamente. Hay una · angustia tremenda en sus ¡:xrlabras. Este hombre es un confidente del partido. Iorge, nuestro gran líder- obrero, al qua obedecen todas las organizaciones gremiales del sur, ha caído preso. La policía quiere suprimirlo. Es un gran orga– nizador, un batallador incansable. Se multiolica y es– tá en todas partes, pese a la orden de ap~esarlo. Al - 64 -

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