La trampa
I las infidencias de esta clase se pagan con el si– lenciamiento. . . - sentencia el "califa". Cuando ·al "jefe" se entera del proyecto, prorrum– pe en una ruidosa carcajada. ¡Qué diabólico es este Miguel! Mctchiavello se queda chiquito . . . Todos rién fest·ejando la ocurrencia. Pero, y las consecuencias ... ? - pregunta el "j·a– fe" en un ex-abrupto. 'El alza inmediata de los "bonos" del partido ... -- replica rápido el "califa". Que te crees tú eso ... ! No olvides que la reacción es muy astuta y que atarían cabos. Una exhaustiva investigación policial podría poner las cartas al descu– bierto . . . I entonces, qué escándalo ... ! I qué choque dentro de las propias filas . . . ! Pero "jefe", las cosas se hacen bien hechas. No se dejan huellas . . . No vamos a confiar en cualquie– ra. . . Acaso lo de Garmendia ... ? Chitón. . . - ataja el "jefe" - ese es un asunto que todavía quema. No se ha dich o la última palabra... No quedaron tarjetas de visita ... No, pero hay demasiados complicados . .. Hum ... ! No será un poco de sentimentalismo, "Je– fe" ... ? - bromea el "califa". Tal vez, algo hay de eso. . . pero, déjame pensar– lo. Voy a consultar con Perico. . . el tiene más sentido común que todos ustedes. . . - I rubrica su argumento con una ancha sonrisa. I si consultáramos con Eliphas Leví? - pregunta uno de los líderes, viejo aficionado a las ciencias ocul– tas. Está en Lima ·el medium? - pregunta el "jefe" in– teresado. Creo que sí . . . lo buscamos ... No estaría mal. . . Quizá recibamos un consejo, o- 62
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