La trampa
- Pero. . . lo crees fácil ... ? - argumenta otro de los lideres, de esos que en e l Alto Comando ejecutan a ciegas cualquier orden o sugerencia emanada del "jefe". Organizamos una gira. . . entrando por el sur ... y en a lgún lugar ad hoc se le asalta . . . y cae bajo las balas asesinas . .. 1 - El ''califa'' rie nerviosamen– te. Peligroso . . . peligroso . . . La masa siempre custo– ::!ia a sus líderes ... Pamplinas ... ! Le colocamos media docena de "discretos" que no permitan que nadie se 1e acerque de– masiado para mejor cuidarlo, y uno de ellos cumple la orden al menor descuido. Tod.o ·as cuestión de organi– zación. - Brutal ... ! - sentencia otro líder. (Además, la de– soporicién de 1 "pibe", pretencioso y petulante, abre mu– chas posibilidades a los que le v·an la ambición de su- ceder al "jefe". No está mala la idea ... ). I el "jefe" ... ? Qué diría el "jefe ... ? Al "jefe" me lo trabajo yo. . . déj•anmelo n mí ... no intervengan ustedes. No hay que olvidar la situa– c'.ón políiica cada vez más difícil. Cualquier sacrificio es poco para conseguir levantar los "bonos'' del par– tido. Puede ser el "pibe" puede ser otro líder cualquie– ra. . . (los tres líderes se miran de reojo, inquietos ... ) puedo ser yo, inclusive ... Sólo que tú eres el que piensa en estos drásticos remedios y el "jefe" no podría aceptar tu auto elimina– ción ... Hagc lo que puedo . . . Mi único anhelo es salvar al partido ... - I. . . ¿crees que ·el "pibe" carece de olfato ... ? A no ser que alguien se lo sople . . . (I mira desa– íiante a los tres líderes entre los cuales hay uno del qt:e ¿esconfía, por su amistad con el "pibe"). A quien se le ocurre ... ! Sería una infidencia ... - 61 -
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