La trampa

han venido poco a poco a juntárselas, en esa escern:: dolorosa y miran a sus padres estupefactos. Chal ... - dice casi sin alientos ella - estás loco... ? Eso no lo ha dicho nadie. . . cómo puedes decirlo tú . .. ? O es que tú... ? Marta. . . ¿no lo sabías ... ? Perdóname. . . qué ha hecho, Dios mío ... ? - Chal. .. ¡tú, tú... ! ¿quién te ha dicho eso ... ? Todo el débil cuerpo tiembla y de los ojos enloque• ciclos brotan llamaradas de espanto. El viejo Charles se .abraza a su mujer Y' trata de a– placarla, pero ella le rechaza y le grita: - Cómo ... ? Quien te ha dicho ... ? - Yo ... yo lo leí. .. en un diario de Panamá ... ~bal- bucea Stool. Poco a poco la esposa va perdiendo el dominio de sí misma y al fin cae sobre el pecho de su marido, agi– tada por los sollozos. - Eso más. . . eso más. . . hasta cuándo, Señor... l - Yo no lo iba a creer, Marta ... por favor, no lo iba u creer nunca. . . Pero quisiera saber qué demonios son los que han forjado ese engendro para hundirnos en al lodo. . . No les ha bastado arrastrar a mi hijo al crimen . . . todavía ésto ... ! Chal. . . -llora la esposa- qué hemos hecho para sufrir así ... ? Nada, Marta. . . nada ... Quién nos odia para hacemos tanto daño ... ? No lo sé. . . estoy como ciego. . mi pobre pequeña muier ... ! En adelante, nadie habla en voz alta en esta ·casa. Los pasos suenan a sordina, como si hubiera un anfer- - 44-

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