La trampa
Cárcel de mujeres. María de la Luz está despierta. Por los fierros de la alta ventana, filtra la luna Jl.ena su plata derreti– da. Es una noche de plena quietud. Está sola en esa celda amplia, abovedada, parte de uno de los claus- ' tros del viej'O convento. Afuera, una higuera tres veces centenaria, extiende sus ramas sobre el pequeño patio. Afuera, más allá, la ciudad dormida recoje los últimos ,ruidos de la noche. Pero la celda ocupa un lugar ca– si al centro del antiguo convento, y hasta aquí no lle– ga ningún ruido. Todo e,s paz, paz y silencio. Como en lo alto de cada entrada: "Silencio y obediencia". Aquí se puede pensar, hacer un recuento de lo vivido. Es su primera noche en la prisión. La otra, aque– lla en que la trajeron, la pasó en la comisaría, situa– da en la parte de afuera, hacia la calle. Allí estuvo con las presas comunes: borrachitas, mujeres de mal vivir, vagas. La guardiana la hizo entrar, después de tomarle sus "generales" - la traía un gendarme desde una prisión del puerto, con órdenes escritas - y a la mañana, una monja de hábito gris, la condujo a esta celda. Para qué, no se puede negar, no está del todo mal esta 'celda. :Un catre de fierro, muy antiguo, un col– chón de paja, sábanas de tocuyo, pero limpias, una - 37 -
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