La trampa
Yo no entiendo nada de doctrinas sociales, sino las que leí s iendo estudiante . . . I de eso hace fecha. Me interesa mi trabajo, mi familia, mis hijos. Pronto ha– rán 30 años que soy ca pitán y en cuanto me sienta can– sado, a nclo para siempre. ¿En Londres? No, tendrá que ser en el Perú; de allí es mi mujer, allí han nacido mis• hijos, y además, soy marino pe– ruano. Luego, la patria no siempre es la tierra donde se nace. Es la que lo p~ohija a uno. La patria es el mar . . . - tercia Moon, ya medio bo– rracho el.e cerveza. También es verdad, pero yo ere-o que la nostalgia de la tierra es fuerte, - d ice Mac Cornack -. Alguna vez volveré a los fiords de mi lejona Noruega . . . A lgu– na vez volveré a ver la nieve, los pinos. . . No este ca– lor insoportable ... . Asi es, pero para quien como yo hizo su hogar en tierra extraña, la propia ya no cuenta. Yo no tengo mujer ... - dice Moon - murió hace una punta de años. Murieron m is padres, no tengo hi– jos ... Mi pátria es el mar, y moriré en cualquier parte. Por eso no siento nostalgia por ningún país, ni espero llegar a ningún puerto. Todos me gustan por igual ... Los shops de cerveza se vacían y se llenan de nuevo. Moon tararea una canción. S.tool y Me Cornack miran a través de los vidrios de la puerta hacia la ca– lle, donde sube un vaho caliente y las gentes caminan a las cansadas. Sobre una mesa contigua un canillita deja apre– surado "La Estrella de Panamá" - segunda edición. Los ojos de Me Cornack se posan sobre las negras le– tras. Hay un títul-o a tres columnas. La noticia sensa– cional : "Doble asesinato". El marino coje el diario y lee. "Un adolescent·e mató ayer al prominente periodis– ta peruano, doctor Aurelio Castro Hinojosa y a su es– posa . . . Se trata del director del diario "El Heraldo" ... ,- 33 -
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