La trampa
- A quién? - me atreví a preguntar. - Eso lo sabrás a su tiempo. Antes quiero saber si estarías dispuesto a llevar a cabo esa honrosa misión... " Me quedé mudo. Yo. . . yo? Súbitamente me sentí atrapado, enredado en una red inmensa, como un pez pequeñito. Esa noche !'l.O dormí. Al día siguiente debí amanecer extraño, porque mi madre me miró con aprensión. Qué te sucede Chack? Estás .enfermo ... . ? - me pre- guntó alarmada. No ... nada, mamá ... Estoy bien ... Imposible, hijo, .esos ojos e~tán irritados, como si no hubieses dormido. ¿ O es que estás bebiendo ... ? Terció mi hermanita: A lo mejor, mamá, porque éste ya no viene ni a comer. . . Con sus amiguitos se pasa las noches ... - Cállate tú - reprocpé Ósustado - Mi madre con- tinuó: · Si sigues así, viniendo a la media noche y llevan– do una vida que yo no conozco, se lo diré a tu padre en cuanto regrese. " No diie más. Acusarme a mi padre era una gran humillación para mí. Mi madre sabía cómo era yo el orgullo de mi padre y las esperanzas que cifraba en mí. Perb también yo ya no era un niño, era un hombre. " Un poco bruscamente, me levanté de la m·esa y sa– lí despidiéndome apenas de mi madre, mientras ella murmuraba con la voz extraña: No sé qué le pasa a este muchacho. . . Con qué malas juntas andará .. . Las prácticas de tiro al blanco continuaron. ·Mi– guel era más parco conmigo eh sus conversaciones. Una vez me dijo: La juventud debe dar el ejemplo. Los viejos ya - 16 -
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