La trampa
Me quedé aturdido. Yo, líder?. Yo, que no hacíeí · seis meses no sabía ni lo que era el partido? Pero M i– guel hablaba con tanta convicción que me obligaba a escucharle, sin pensar ni responder siquiera. " Noches después, yo est0ba en la antesala de la jefatura. Llegó Miguel y se me acercó en forma confi– dente, mirándome a los ojos. Dlime, Charles, sabes tirar al b lanco? Este. . . no. . . (lo dije avergonzado, pues adiviné allí mismo que un futuro líder debería conocer e l ma– nejo de las armas). No te aturdas, muchacho, yo te voy a enseñar . . . porque en estos tiempos hay que saber de todo .. . ¡Quién sabe lo que nos espera! Tenemos amarga ex– periencia. Al día · siguiente me recogía en una esquina del centro y me llevaba a una casa de modesta condición, en una calleja transversal. Allí, después de saludar con mucha confianza a la dueña de casa, una mujer de aspecto humilde, pasamos aJ interior de la casa y en un corral empezó Miguel sus lecciones de tiro, usan– do la pared del fondo como blanco. . Por primera vez sentí en mis manos el frío de una pistola. Pero ya no tenía m iedo. Me parecía tan na– tura l. Fuimos una media docena de veces, ante las mi– radas temerosas de la dueña de casa. I otras tantas vacié mi pistola - unos 6 tiros - en la pared del fon– do. Miguel me observaba con aire de aprobación. Bravo, Charle, hay seguridad, pulso firme, ñeque No fallarás. I .un día, en su auto, de regreso al partido y des– pués de un largo ·silencio - Tenemos que eliminar a alguien - me dijo. Lo miré asombrado. - Sí, - conti– nuó - a alguien que nos estorba. . . Es un enemigo del partido y del pueblo, un enemigo de años atrás, au– tor de todas las desgracias del país. - 15 -
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx