La trampa
Ahora creo que muchos de ellos, tampoco sabían lo que decían los discursos de los líderes. · " Pero yo, de tanto oirles, fui sintiendo el significado de sus palabras. Luego, empecé a buscar, libros, a in– dagar., Estaba en el primer año de la Universidad. Ya había leído algo sobre doctrinas sociales, sin darles ma– yor importancia. Algunos conceptos fueron descubrién– dos-e para mí. I fui comprendiendo el por qué de los a– plausos de los hombres y mujeres que noche a noche,, acudían con renovada esperanza a los locales del par– tido. Una vez mi amigo Pepe me hizo subir a las ofici– nas del "jefe". Era éste un lugar vedado al que sólo podían ingresar los altos dirigentes del partido, o los que habían sido citados. Pepe parece que tenía cier– tos privilegios, pues no lo hicieron esperar demasiadd' y pasó a presencia del ''.jefe". Yo no cabía en mí de nerviosidad. Pero el "jefe" fué muy a'mable conmigo y me hizo perder la timidez. Fuí después muchas ve– ces y siempre tuve una cordial acogida. Por lo gene– ral, no tuve que hacer las largas antesalas que hacían todos los funcionarios del partido. El secretario priva– do del "jefe'' me veía, se sonreía y me dejaba entrar. El "jefe" ejercía una poderos-a fascinación sobre mí. En su presencia dejaba de ser yo y era todo un te– sante deseo de asimilar sus gestos, sus palabras, de convertirme en el "jefe" mismo. . . Este era muy gen– til conmigo; me palmeaba las espaldas, me apretaba los muslos, me hada mil y una preguntas, que yo res– pondía tartamudeando, _pero feliz de estar a su lado~ Conmigo acudían no menos de seis u ocho mozos, to– dos como yo, adolescentes, todos como yo seducidos por la extraordinaria personalidad del "jefe". El ha– blaba, hablaba mucho, con una especie de embriaguez de sus propias palabras. Hablaba de sus viajes, de · sus - 13 -
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx