La trampa
van los Ímpetus de los derribadores de bastillas, con las antorchas en alto, portadas por la juv-entud.'41t También las frases de orden son simbólicas: unión, fraternidad, comunidad de destinos, lucha so~~daria con– tra el enemigo común. Todos para uno y uno para todos. El pueblo reconoce sus símbolos a la distancia y vibra con ellos. Besa la roja y gualda enseña, grita su himno promisor y pronuncia sus slogans con pro– funda unción. Es un unionista perfecto. Siente el fue– go purificador de los símbolos y no necesita pensar más. A él se le dá todo hecho. Los líderes traen las órdenes emanadas del Alto Mando, y ellos colocan las piedras del futuro edificio social donde habrá de mo– rar un día el pueblo, para siempre redimido de su do- lor y su miseria. ' Cuando alguien pregunta el significado de los sím– bolos, hay otros que responden: A qué preocuparnos? Nosotros somos la "masa": Seguimos el derrotero que los líderes nos marcan. Bien o mal, nosotros no somos , responsables. Allá ellos. También el saludo unionista es un símbolo: las dos manos en alto abiertas, extendidas, demostrando que están limpias y puras, que no portan instrumentos de muerte, que están aptas paro el trabajo dignificador. Podría pensarse que son manos implorantes, manos de vencido que piden merced al enemigo; pero no. Son manos eufóricas que se alzan en saludo plural para recepcionar a sus líderes. El partido también tiene su totem, su animal sim· bólico, inspirador.. Es el cernícalo. Es a~tuto, descon– fiado, tiene garras y mora en lugares altos. Un partido no puede vivir sin toda una simbología. La masa necesita agarrarse de estos símbolos para de– fÉmder su fé. Una doctrina social a secas, deja muchos resquicios por los que se filtra la duda, el cansancio, la desconfianza. 'Los símbolos distraen. Embotan la men- -111- \
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