La trampa
Yo, asesino! " ... Sí, yo los maté. Primero a él, luego a ella. Iban los dos caminando· muy íuntos, hablando en voz baía, casi rozándose con las palabras. El día era tranquilo, claro, uno de tantos días en que no pasa ndda. Habla- . ban. . . ¿de qué? Tal vez de proyectos, de viajas, de sus hijos ... Qué se yo! ... Venían a almorzar. Esta- ban contentos. I yo. . . yo .. . ¿Sabe Ud. lo que es ser un asesino? Porque yo ya lo era desde el momento en que lo decidí, mucho antes, desde que lo pensé ... más aún, desde que me lo insinuaron como por casualidad. Se me metió- en el · cerebro la idea, primero romo una nubecita vaga, de esas que aparacen en un cielo limpio, luego fué toman– do forma. . . hasta hacerse un gran nubarrón oscuro, fué llenándolo todo, convirtiendo mi cerebro en una so– la mancha negra. Matar, matar, matar. Es una espe– cie de sed; no, de hambre física, de rabia secreta que. lo mueve a uno como un tigre enjaulado, que no lo de– ja respirar a gusto ... Yo era un joven tranquilo, sí señor, un muchacho alegre, juguetón, travieso, tal vez. Mi madre me en– greía mucho. Era un poco flojo y me gustaba dormir. Trabajo · le costaba a mi madre sacarme de la cama para que fuera al colegio primero, a la Universidad, 9 -
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